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sábado, 5 de marzo de 2011

El decálogo del responsable de RRHH

Noticia enviada por José Antonio Perez Ariza

El responsable de Recursos Humanos, en una situación de crisis como la actual, debe tomar decisiones complicadas manteniendo siempre una buena relación entre la empresa y el empleado. Para conseguirlo, existen diez reglas de oro, propuestas por el Departamento de Innovación de Servicios de Meta4, que pueden ayudarle en su difícil cometido:
1. Conocimiento del negocio de su compañía y de sus objetivos a corto, medio y largo plazo. Todas las políticas de recursos humanos deben apoyarse en la estrategia de la empresa y apoyar las diferentes visiones para la consecución de dichos objetivos.
2. Conocimiento de su plantilla. El director de RRHH debe conocer cómo son los empleados, sus necesidades personales y profesionales, sus características y cómo evolucionan en el tiempo.
3. Cultura de servicio. Una de sus misiones principales es proporcionar herramientas y soluciones a la organización para conseguir los objetivos. En este sentido, son departamentos equiparables a cualquier área de negocio que se relaciona con clientes. En su caso, sus clientes son los empleados.
4. Capacidad para gestionar la complejidad. En un mundo donde reina la diversidad de culturas, generaciones y en el que se trabaja desde cualquier lugar, es esencial que aporte soluciones específicas a situaciones concretas. La personalización en sus iniciativas es un aspecto que cada vez tiene más valor dentro de la empresa.
5. Conciliación.El director de RRHH debe ser la bisagra de entendimiento en las situaciones de conflicto que surjan dentro de las organizaciones.
6. Comunicación. Transmitir valores, objetivos globales e imagen de la compañía. Ser transparentes, en la medida de lo posible, adecuando el mensaje a cada momento. Ser un foco de información para el resto de directivos y de la plantilla, de manera que facilite la toma de decisiones.
7. Coherencia. Es fundamental que desde RRHH se transmita una imagen de coherencia que permita reconocer una identidad de compañía más allá de la pluralidad.
8. Orientación a resultados. Debe orientar su función y la de su departamento para conseguir resultados concretos.
9. Apertura de mente y gestión de proyectos. Intercambiar opiniones con otros compañeros que no pertenecen al propio departamento para enriquecer los puntos de vista y garantizar la aplicación de estas decisiones.
10. Aprendizaje continuo. Estar al día de todas las posibilidades que existen en el mercado. No se trata de ser expertos en todo, sino de saber a quién o a qué acudir en el caso de necesitarlo.

Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet: http://www.cartadepersonal.com/el-decalogo-del-responsable-de-rrhh/


viernes, 4 de marzo de 2011

Organizaciones Híper competitivas

Noticia enviada por Lucia Maya Guerrero

 
Por Juan Javier Álvarez

Han cambiado mucho las cosas en los últimos años, de eso no hay duda. Las organizaciones (empresas, instituciones educativas, organizaciones sociales, deportivas, entidades gubernamentales o militares) se hallan inmersas en un escenario sumamente volátil y cambiante. Al cambio permanente, a la ruptura necesaria de infinidad de paradigmas que funcionaron bien en otras épocas, pero que ahora son irreales, se suma también la materia prima de toda organización: el hombre mismo que la compone y le da forma, cuyos ideales y aspiraciones también cambian permanentemente. Es por eso que debemos adecuar nuestra manera de ver las cosas, de dar sentido, posibilidad y valor a la realidad, casi a cada instante.
Una cultura organizacional basada en postulados rígidos, inmutables en el tiempo y, sobre todo (a juicio de sus defensores), inamovibles pase lo que pase, impide a la organización, carente de la necesaria flexibilidad e innovación en todos sus estamentos, crecer y competir con éxito. Recordemos que el mundo está inundado de todo: ideas, organizaciones competidoras, profesionales de valía, etc., pero lo que realmente falta es adaptabilidad. Falta adecuarse a las nuevas condiciones. Falta cambiar la mentalidad para tornarla apta a las nuevas condiciones. Esta es la diferencia primordial que distinguirá su organización de otra. ¿Cuántas organizaciones intentan no confirmar lo que creen o dicen que el mercado requiere de ellas, sino realmente buscan saberlo? ¿Qué nivel de concordancia con la realidad tienen las presunciones que, a capa y espada, defiende el plantel directivo?
Estamos inmersos en un escenario de competencia global, con sistemas tecnológicos tan eficientes y rápidos que pueden pulverizar cualquier distancia entre prestador y receptor de servicios o productos. La tecnología ha facilitado en extremo, como dijimos, el hecho de que se pueda ofrecer algo directamente al mundo entero, o coparticipar en proyectos internacionales. Pero esto nos remite a un poderoso efecto secundario, y es que actualmente nos encontramos con una extensa oferta de productos o servicios que, merced a la misma tecnología, siempre al alcance de todos, se han tornado escasamente diferenciados. Aparentemente, todos disponen de los mismos ingredientes para hacer las cosas.
Ciertamente, resulta indispensable replantearse cómo debe actuar una organización en un escenario de hipercompetitividad. Sin embargo, como veremos a continuación, son muy pocas las que logran amoldarse a los nuevos tiempos. Muchas declaman, de boca para afuera, que se han modernizado, que se orientan siempre a lo que pide el mercado, que escuchan sus necesidades y hasta que se anticipan a sus deseos, aunque internamente siguen enamoradas de sus productos, hacen culto a una cultura conservadora y, consecuentemente, intentan forzar el brazo de los potenciales clientes para que continúen con ideas de selección y valoración de productos y servicios que ya no están vigentes. Intentan vender un mismo vehículo, bajo un mismo color y características, a todo el mundo y para todo uso.
En realidad, el eje de estas organizaciones no es el crear un enorme valor para sus clientes potenciales, una diferencia tan notoria y provechosa que les haga decir “caramba, no cambiaremos a esta organización por ninguna otra; estamos sumamente satisfechos”, sino que buscan engañarse y mantener, con dirigidos “estudios de mercado”, los supuestos de antaño. ¿Por qué? Porque muchos directivos se sienten cómodos con ellos y no quieren (o tal vez no pueden) afrontar los cambios vertiginosos en su industria. Porque si hablamos de cambios, hablamos también de nuevas habilidades para hacerles frente. Los responsables de conducir las organizaciones del siglo XXI, ¿tienen y ejercitan estas nuevas habilidades? ¿Saben cuándo hay que desprenderse de antiguas metodologías y renovarse? ¿Afrontan esto como una oportunidad, como un desafío estimulante para crecer, emprendiendo nuevos proyectos, ampliando horizontes? ¿O prefieren quedarse donde están y, con ellos, la organización entera? Como dijimos, muchas veces se intenta imponer al cliente algo de lo que no está muy convencido y las relaciones con él se deterioran inexorablemente. Ese cliente del que hablamos es también el cliente interno: los propios colaboradores de la organización. ¿Cómo brindarán, en un escenario tan competitivo e indiferenciado como el actual, un servicio distintivo si no creen en él porque no lo reciben? ¿Qué hace la organización para motivar individualmente (no colectivamente, bajo un esquema de “esto servirá para todos”) a cada uno de sus miembros? La remuneración o el cargo no son suficiente estímulo. A las personas les motivan (internamente se motivan a sí mismas debemos recordarlo) los desafíos, el reconocimiento y el progreso de su labor, las posibilidades de crecimiento y acceso a nuevos desafíos, un ambiente de trabajo donde imperen valores positivos, y además, el ejemplo de su líder.
Se habla de atender al cliente sobre todas las cosas pero, a poco que miremos hacia el interior de muchas organizaciones, descubriremos que existen enormes problemas de comunicación entre los departamentos, que priman los sectores amurallados donde cada uno cuida su huerta sin importarle mucho compartir el agua con el resto de la plantación, y muchos otros problemas. Por ello, si bien, del dicho al hecho hay mucho trecho, volvamos a recordar el dicho, para tornarlo un hecho.
A continuación, esbozo un conjunto de medidas cuya aplicación real y no simplemente declamatoria, que logrará robustecer su organización y permitirle navegar con éxito en este entorno hipercompetitivo. Lo que sigue es fruto de una extensa investigación sobre organizaciones de todo tipo y función de las que he extractado los principios rectores generales.
Líderes de alto rendimiento
Toda organización será lo que sus cabezas piensen y ejecuten para ella. Esta verdad tan elemental muchas veces es olvidada. Hay que promover las condiciones para que su organización sea interesante a líderes y cuadros de mando que posean un excelente currículum y trayectoria. Pero por supuesto no basta con contratar a los mejores. Hay que motivarles permanentemente, estimulando su capacidad de creación y concreción de logros más ambiciosos para la institución, a la que deben ver como el mejor lugar para desarrollar una carrera profesional. Esto involucra brindarles las herramientas necesarias (todas, sin restringirles capacidad de operación y decisión de acuerdo a su cargo y función), permitirles asumir riesgos controlados, canalizar iniciativas que no se ahoguen en un mar de burocracia, y ayudarles a que triunfen y sean exitosos en su tarea.
Y hablando de motivación, analice detenidamente su forma de encarar relaciones con el equipo de conducción y también con el plantel de colaboradores, de manera que éstas sean estimulantes y positivas. A modo de ejemplo, permítame compartir con usted dos enfoques: uno negativo (y lamentablemente, bastante usual) y el otro positivo.
Organización A
“Como responsables, estamos encerrados en nuestro propio universo. Cuidamos nuestro sector, casi nunca nos reunimos para compartir experiencias y todo lo solucionamos mediante el correo interno. ¿Que si podríamos crecer más al establecer sinergias y aprovechar la experiencia ajena? Sí, tal vez, pero en nuestra estructura eso nunca se dará. Mis colegas son egoístas (o todos lo somos, de hecho). En nuestra organización se promueve solamente una fuerte competencia interna que termina desgastándonos. Ya no nos miramos como colegas y colaboradores en un conjunto de proyectos en común, sino más bien como rivales. La tensión se respira en el ambiente y cada día voy a trabajar con un sentimiento de opresión y angustia ante la posibilidad de cometer cualquier error de gestión. Por ello, mi actitud (y la de buena parte de mis compañeros) consiste en no arriesgarse a tomar ciertas decisiones sobre las que no tengamos la certeza de que darán buenos resultados. ¿Me pregunta acerca de quienes dependen de nosotros? Bueno, cumplen medianamente su función y eso nos basta. ¿Qué nos motiva a seguir? Tal vez el dinero a fin de mes, o el hecho de que, a nuestra edad, sea difícil cambiar de empleo...”
Organización B
“Es agradable venir a trabajar. Con el resto de directivos conformamos un equipo de trabajo unido que sabe afrontar cualquier situación con dinamismo, compartiendo experiencias, puntos de vista y, sobre todo, una enorme capacidad de aunar esfuerzos en pos de una meta común. Comprendimos que no podemos concebir ninguna relación con quienes reciben nuestros servicios sin antes escucharlos, sin comprenderlos cabalmente. Conformamos unidades de trabajo dinámicas que aprovechan sinergias y comparten permamentemente información a través de nuestra Intranet, de reuniones semanales y de sesiones de creatividad. Nuestro clima de trabajo es muy exigente (con objetivos que involucran un desafío pero son perfectamente posibles), y no obstante ello, no deja de ser cordial y cooperativo. Si expresamos que nuestros clientes deben obtener lo mejor de nosotros, intentamos a diario aplicar este concepto hacia nuestros clientes internos, es decir, hacia cada miembro de nuestra organización. Con respecto a tomar decisiones, asumimos riesgos controlados pero no dejamos que el inmovilismo generado por el miedo a cometer errores nos corte las alas de nuestra visión de futuro. Avanzamos innovando en todo, hasta en el hecho de descartar formas de pensar, actuar y concebir las cosas, que si bien antes daban resultado, ahora se pueden tornar en amarras que no nos dejen crecer. Nuestros colaboradores están preparados y motivados para dar lo mejor de sí en su relación con los clientes y la organización ha logrado obtener sólidas relaciones que generan un feedback positivo.”
¿Observa la enorme diferencia entre ambos casos? Para lograr una organización eficiente, lista para interactuar con éxito bajo hipercompetitividad, cada directivo, desde su lugar de trabajo, debe tener en cuenta que su actividad diaria debe promover a:
· Una constante intención de mejora e incremento del valor de su actividad, de la performance de su sector y de su relación con clientes, proveedores, distribuidores, colaboradores y colegas. A su vez, forma parte de su función el sentido de la optimización, a fin de realizar más cosas con menos recursos, a la par de evitar gastos superfluos y reducir aquellos costes innecesarios. ¿Hablamos del empleo de un recurso irreproducible: el tiempo? Debe definir acertadamente qué es Urgente, qué es Importante y qué es Relegable.
· Mantener un equipo de trabajo competitivo, adecuadamente formado, que aproveche las fortalezas de cada miembro y que se preocupe siempre por estar un paso adelante de lo que hace la competencia. Los colaboradores deben verle como un líder que abre y facilita el camino y que les acompaña en la concreción de las metas parciales.
· Asumir los cambios que se producen en su mercado, y en el entorno en general, como oportunidades inmejorables para acercarse mejor a los deseos y necesidades de los clientes, y no como hechos a los que no hay que dar importancia. Un día se caerá en la cuenta que esos cambios, que originaron ciertas tendencias, fueron aprovechados por competidores más perspicaces. El punto central de este párrafo se centra en adquirir una visión más allá de nuestras paredes (tanto mentales como del mercado al que atendemos, nuestra propia concepción de las tareas o hasta de nuestra disciplina profesional) y llegar a observar y analizar minuciosamente qué sucede en las esferas que giran rozando nuestro universo conocido. Hay tecnologías que, ahora, tal vez creamos que no incidirán en nuestra actividad, pero que si las analizamos debidamente, notaremos que lo harán muy pronto. Nunca hay que permitir que las metodologías que una vez estudiamos y practicamos, o la propia inercia, obstaculicen nuestra percepción del futuro.
Todo esto lleva a preguntarnos: ¿Cómo puede la Alta Dirección establecer el ambiente propicio sobre el que se edificará un management competitivo? (Nota al margen: recuerde que el término management se aplica a cualquier tipo de organización). Básicamente afirmando, como sólidos cimientos, cinco pilares fundamentales:
· Confianza: junto con el cargo, se delega intrínsecamente una enorme dosis de confianza, tanto hacia la persona, como a su desempeño profesional. Nada de controles asfixiantes. Nada de delegar a medias y burocratizar su gestión.
· Apoyo: los demás colegas deberán brindar todo el apoyo y ayuda que cada integrante precise para que su gestión sea exitosa. El adversario no está dentro de las paredes de la institución, aunque esto se olvide. De hecho, muchas veces, el término adversario también es incorrecto, de cara a organizaciones que, bajo una óptica antigua, siempre tienen que competir entre sí. Hoy en día se compite pero también se colabora. Se crean estructuras que aprovechan lo mejor de la complementación. Se alían organizaciones para un fin común.
· Colaboración: el mejor líder no es nada sin un excelente equipo de colaboradores a su alrededor. Profesionales de primer nivel, con espíritu innovador, dispuestos siempre a adaptarse a nuevos entornos y escenarios, liderados por un directivo de amplia visión, harán que la organización sobrepase sus metas.
· Respeto: se entrega confianza a cada directivo, y también se respeta su trabajo. No se le está encima, imponiendo criterios o desautorizando sus decisiones a cada instante.
· Información: cada directivo debe saber a ciencia cierta qué espera la organización de él, cuáles son los objetivos que debe concretar su sector (todos, mancomunadamente), quién y cómo evaluará su nivel de concreción y desempeño profesional, qué decisiones puede y no puede tomar y qué autonomía tiene para encauzar nuevos proyectos que no se aparten de los objetivos generales. A su vez, debe disponer de toda la información relevante para desempeñar correctamente su trabajo.
Una estructura dinámica
Muchas organizaciones grandes son superadas a diario por otras más pequeñas pero muy movedizas, que están pendientes de las tendencias emergentes, que poseen la tecnología adecuada y equipos interdisciplinarios fuertemente motivados. Mientras la gran estructura precisa pasar un papel por diez manos a la hora de autorizar una decisión, la otra decide en uno o dos pasos. En ellas, cada delegación de tareas conlleva la capacidad de decidir, de arriesgarse ante la oportunidad, de buscar permanentemente nuevas formas de hacer más cosas con lo que se tiene, y en caso de tener que cambiar, hacerlo sin mayores miramientos ni nostalgias. Las estructuras son mucho más planas que en las grandes organizaciones. No obstante ello, cada miembro sabe perfectamente cuál es su función y responsabilidad, y de qué manera puede interactuar con el resto, conformando poderosos equipos de trabajo para establecer y aprovechar sinergias, al constatar que el todo siempre es superior a la suma de las partes. Estos equipos se forman para acometer determinados proyectos, y una vez logrados, se acomodan (cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente) a una nueva meta a concretar. No son estructuras gigantes y pesadas para todo servicio que sólo aumentan costos, ineficiencia, lentitud y burocracia. Hablamos de sectores y equipos de trabajo muy dinámicos y movedizos, que se adaptan a los permanentes cambios del entorno, que utilizan metodologías y las descartan cuando no les brindan la solución a sus problemas (nunca intentan adaptar la solución a las herramientas de que disponen, pues conocen que la mejor solución no la encontrarán así); equipos y sectores que experimentan, ensayan, arriesgan y aprenden de sus errores, pero que saben descartar un camino de dudosa rentabilidad al no casarse con él. Establecen un vínculo, sí, pero con el mercado y los objetivos. Saben que la razón de su existencia como organización es establecer una diferencia positiva y de valor para los clientes, fuera de las puertas de la institución. Los clientes tienen que ver y apreciar (dos condiciones) el valor de lo que se brinda. Si esto no es así, hay algo que falla y hay que corregirlo prontamente. Para detectar con antelación lo que aprecia el cliente a la hora de evaluar ese producto o servicio en particular, los equipos y sectores de la organización tienen siempre un oído puesto en el mercado. Pero saben escuchar también los matices de las tendencias emergentes. Si su conocimiento del mercado es completo y detallado (pocas organizaciones se esmeran en esto) podrán prever cuáles de esas tendencias se transformarán en nuevos modelos a seguir y hacia allí encaminarán también sus esfuerzos.
Una nueva manera de pensar las cosas
Los clientes, o quienes reciben el servicio de la organización, no se enamoran de sus productos y servicios eternamente; pueden ser infieles en cualquier momento (mucho más en un escenario global). Los proveedores y distribuidores pueden también encontrar más ventajoso trabajar para la competencia. Los cambios se suceden a diario y no esperan a nadie. Los ciclos de vida de los productos se tornan cada vez más cortos. Entre otras cosas, la tecnología ha hecho que todos nos parezcamos demasiado. ¿Qué nos indica todo esto? Que hay que ser adaptativos, que hay que pensar nuestro negocio en función del mercado. Lo realmente importante es generar, transmitir y utilizar conocimientos y habilidades que nos brinden posibilidades de progreso, de estar a la delantera. Debemos combinar las piezas de lo que podemos y sabemos hacer, buscando constantemente nuevas figuras a construir.
Ser proactivos
En la actualidad, si nos quedamos esperando que las circunstancias se den de manera tal que no debamos afrontar ningún sobresalto ni tomar decisiones arriesgadas, de seguro terminaremos a la vera del camino, sobrepasados por aquellos corredores que se apresuraron a interpretar lo que nosotros esperábamos que alguien, gentilmente, nos tradujese. Hay que ser proactivos, debemos generar nuestro camino. No podemos simplemente reaccionar a lo que acontezca, porque cualquiera nos tomará ventaja.
Mirar siempre hacia el mercado
Si admitimos que toda organización se sustenta en sus clientes, en lo que satisface mejor que nadie para ellos, forzosamente deberemos reconocer que son ellos el eje central de todo lo que hagamos. Y esto se aplica, con toda su fuerza, a cualquier tipo de institución e industria como por ejemplo, las tecnológicas. Si la empresa se sustenta exclusivamente en una visión “de ingeniería”, fácilmente puede perder su rumbo, cambiando la ecuación. En vez de satisfacer mejor ciertas necesidades (atención: que sean reales y que exista un mercado, ante todo), la organización termina por impulsar un desarrollo que, de tan innovador, carece de la necesaria aceptación o comprensión al momento de su lanzamiento. Para evitar esto, tanto directivos como colaboradores deben mirar hacia el mercado, en la intención de descubrir sus necesidades, preferencias e inquietudes, y como se dijo anteriormente, tendencias viables. Nada mejor que instrumentar mecanismos de interacción con los clientes donde ellos puedan brindarnos su opinión. Utilice medios que no sean fácilmente manipulables por ciertos colaboradores que tengan miedo a que los clientes digan tal o cual cosa y salga a la luz su mal desempeño. Dedique un momento de la semana para hablar personalmente con los mejores clientes. ¿Qué está incidiendo sobre ellos y qué les llama la atención? Analice si podría ser un buen camino para algo nuevo. Intente también profundizar, no tanto en lo que les agrada de su organización, sino en lo que les disgusta o no termina de conformarles. ¿Qué solución propondrían? ¿Qué deberíamos cambiar o adecuar?
El cliente de hoy... y el de mañana
Su organización, y usted, deben luchar denodadamente por sus clientes. Por conservarles (la cuestión se centra en este punto). Por venderles más. Por servirles mejor. Para ello, hay que satisfacer sus necesidades y preferencias antes que la competencia. ¿Cómo hacerlo? En primer lugar, apóyese en sus fortalezas, en lo que sabe hacer mejor, en aquello que sólo su organización brinda con ese nivel de calidad, servicio, trato humano y condiciones. No intente ser un pulpo que abarque todo, pues terminará haciendo muchas cosas, y ninguna bien. Focalice sus esfuerzos y recursos. Sea el mejor en algo, en eso que le distingue. Añada valor a todo lo que hace. Mire las cosas como si estuviese en la piel de su cliente. ¿Cómo me gustaría ser atendido? ¿Cómo desearía que la organización valorara mi fidelidad hacia ella? ¿Qué atenciones espero de quien recibe mi volumen de compras? Mire a sus clientes actuales, pero también prepare a su equipo para observar nuevos mercados, nuevos clientes potenciales a los que satisfacer. No parametrice su visión hacia el esquema de siempre conozco cuál es mi cliente-meta. Se trata de... porque tal vez mañana deba cambiar o agregar algo a esta frase. Si no lo hace, estará regalando su participación a un competidor.
Para finalizar
Como vimos, las organizaciones hipercompetitivas (sean pequeñas, medianas o grandes) se construyen no sólo profundizando uno o dos aspectos considerados clave o de moda. Se tornan así merced a un cambio profundo que abarca su cultura, capacidades, estrategias, diseño interno y percepción del mercado. El desafío, como se intuye, es constante. Nunca se puede descansar y decir: con este modelo duraremos varios años, justamente porque el mercado cambia día a día. Pero si bien ese cambio cotidiano exige un esfuerzo para estar a la altura, también otorga innumerables posibilidades que abrirán nuevos horizontes. Hacia ellos deberá ir su institución.

Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet:
http://www.rrhhmagazine.com/articulos.asp?num_art=363



miércoles, 2 de marzo de 2011

¿Qué será del departamento de RRHH cuando termine la crisis?

Noticia enviada por Laura Buenavista Rangel

“El trabajo de los directores de RRHH será cada vez más importante en los próximos cuatro años”.
Con estas palabras, Steve Forbes, presidente y CEO de Forbes Inc., y editor en jefe de Forbes magazine abría esta semana una de las convenciones más importantes de Directivos de RRHH de EEUU.

Una visión que viene de la mano del optimismo que sólo puede dar la reactivación de la economía norteamericana que, aunque de forma paulatina, muestra ‘brotes’ de recuperación. Y eso bien lo sabe Forbes quien, sin dejar la crítica sobre las causas que desencadenaron la crisis financiera y económica de los EEUU, asume el reto de pensar con visión de futuro y orientar las estrategia de las organizaciones bajo la acción estratégica de los Recursos Humanos.

Para Forbes el futuro necesita de reformas laborales y de leyes relacionadas con los lugares de trabajo creadas con el aporte directo de Recursos Humanos porque, a su entender, somos los responsables directos de gestionar áreas estratégicas para la productividad de la organización. De nosotros depende cómo se identifica, desarrolla y retiene el talento de aquellas personas que garantizan la productividad de la organización, la aplicación de planes viables de formación para directivos y empleados, la creación y puesta en marcha de procesos de I+D que garanticen el establecimiento de una base sólida de conocimiento e información para toda la organización, la planificación y puesta en marcha de iniciativas que garanticen un clima laboral positivo y la conciliación de la vida laboral y familiar, etc.

Sin embargo, esta afirmación en el contexto español parece una idea utópica más que un objetivo real que también podamos conseguir.

Guardando la lógica distancia entre el sistema productivo de EEUU y España, sí podemos sacar lecciones importantes sobre el camino que en estos años ha seguido EEUU para lograr una recuperación productiva sostenible y sobre cómo la gestión de las personas se ha posicionando, a medio y largo plazo, como motor de esta trasformación.


Sabemos que el cambio en el modelo productivo estadounidense ha sido forzado por el desastre económico que desencadenó la especulación financiera que, con el nombre de Madoff, mostró hace unos años su cara más corrupta y que lo lidera Barack Obama, un presidente capaz de sacar adelante, entre otras muchas iniciativas políticas, dos reformas históricas para el sector financiero y sanitario que supondrán una profunda transformación en el sistema laboral y productivo de las empresas estadounidenses. Pero también el cambio viene precedido de una rápida capacidad social y empresarial para asumir riesgos y sacar el máximo provecho de cualquier situación de crisis.

Un contexto muy diferente al nuestro, donde aún somos cautivos de una clase política incapaz de alinearse en beneficio del sentido común, donde la reforma más radical se basa en reestructurar el mercado laboral sin el consensos de los agentes sociales, y las medidas de ajuste se limitan a reducir el gasto público sin una previsión sobre oportunidades de crecimiento para empresarios y emprendedores.

Actualmente los directores de RRHH de los EEUU trabajan para afrontar el cambio que la reforma sanitaria supone para sus organizaciones, ya que por primera vez ellos serán los responsables de desarrollar un sistema de bienestar a través de la gestión de la salud de sus componentes, asumiendo la gestión de las enfermedades laborales, la productividad y los hábitos de trabajo; responsabilidades que los directores de RRHH españoles sabemos gestionar desde hace muchos años, pero que en la práctica sólo conseguimos influir parcialmente porque debemos destinar gran parte de nuestro tiempo a realizar acrobacias para equilibrar los objetivos del departamento con los recursos económicos y objetivos que establece la empresa.Sin contar con que actualmente, un gran número de directores y profesionales de RRHH están siendo desplazados de sus funciones por carecer de sentido estratégico a los ojos de quienes establecen los planes de reestructuración de sus compañías.

En EEUU, a diferencia de España, se comienza a hablar de la recesión en tiempo pasado, y se comienzan a sacar las primeras lecciones de un proceso difícil, pero que ha forzado un cambio profundo y necesario en su tejido productivo; un cambio del que los directivos de RRHH son parte y que les obliga a fijar nuevas estrategias para ampliar las oportunidades de selección y retención del talento en el periodo post-recesión.

Desde esta visión, los directores de RRHH coinciden en la importancia de mantener y apoyar, incluso en los momentos más difíciles, aquellos beneficios sociales orientadas a las familias de los empleados –incluyendo las parejas de hecho y las familias monoparentales-, más que gastar demasiado en servicios individuales; siendo inevitable reducir los beneficios ligados a los viajes de negocios, -limitando las cuotas de viaje, los gastos de hotel o el coste de las llamadas telefónicas- y las actividades extra empresariales –como eventos culturales, deportivos, festivos, etc.-

Asimismo, coinciden en establecer estrategias de futuro pensando en la inevitable globalización de los mercados laborales y económicos. Por eso, concuerdan en mejorar las políticas que hoy se desarrollan relacionadas con la vinculación del talento con la movilidad laboral, sobretodo en el caso de las expatriaciones, ya que es necesario analizar cuál es el rendimiento de la inversión cuando las empresas asignan responsabilidades internacionales a sus empleados cuando éstos, a su vez, cada vez cuestionan más esta vía laboral para su desarrollo profesional porque no tienen la garantía corporativa de progresar dentro de la organización una vez repatriados. Un error que representa para la empresa pérdidas significativas en cuanto a experiencia y talento.

Por su parte, en el periodo de recuperación, la dirección de RRHH tendrá que blindar con tecnología avanzada a la organización para facilitar la gestión de la información y del conocimiento entre profesionales que tenderán a desplazarse con mayor frecuencia y difícilmente coincidirán en un mismo lugar físico. Una realidad que, aunque aparentemente lejana en el escenario español, es la tendencia global que terminará primando en proceso productivo de futuras generaciones, que sin duda, preferirán ser parte de organizaciones que ofrezcan una política de trabajo flexible, semanas laborales comprimidas, y la opción del teletrabajo.

Por su parte, este año y de la mano de Obama, la administración central estadounidense ha demostrado su sensibilidad hacia la transformación del sistema de trabajo en las empresas apoyando el desarrollo de una plataforma política y pública que establezca ideas sobre políticas de trabajo basadas en la innovación, mejores prácticas y la responsabilidad social corporativa. El objetivo, según la propia primera dama, Michelle Obama, es encontrar formas de alentar a los empresarios a proporcionar más flexibilidad a sus empleados para apoyar a las familias y fortalecer la economía nacional. Una iniciativa que circula por todas las esferas de representación social y que en un breve tiempo espera dar sus primeros frutos.

Ejemplos como el de EEUU nos deben servir para pensar en el futuro superando las trabas que hoy afrontamos a nivel nacional y corporativo, y nos ayuden a creer que podemos mejorar como sector profesional.

Asimismo, es de obligado cumplimiento, anotar que ejemplos de actuación global como los de EEUU sólo son posibles mediante la participación activa de los propios directivos en la solución de sus problemas internos desde una visión de conjunto que, en el caso de los profesionales de RRHH, se traduce en altas tasas de participación a nivel de comunidad y en la interconexión que mantienen con el resto de departamentos que componen la organización.

En su caso, compartir sus experiencias directivas, supone un valor añadido a su función y no una amenaza. Resistencia que aún mantienen algunos directivos españoles por falta de costumbre o bien por falta de autoridad dentro de su propia organización. Y que si fuera derribada, permitiría escuchar lo que ocurre en empresas que, aunque no sean necesariamente punteras en su sector, facilitarían la creación de una comunidad de RRHH más homogénea y democrática.

Por nuestra parte, y como grupo especializado en información para el conocimiento de los RRHH, trabajamos por ofrecer a los profesionales y directivos de RRHH las plataformas de comunicación necesarias para compartir sus experiencias directivas. Por ello, nuestra sección Quién es Quién en RRHH, donde los directivos de RRHH dan a conocer su función directiva a través de entrevistas en profundidad, está pensada para directivos de pymes y grandes empresas. Nuestros medios de comunicación cuentan, en gran parte, con contenidos elaborados por profesionales de RRHH que, más allá de los fines comerciales, les interesa como herramienta para compartir su visión sobre RRHH y nuestras redes profesionales de RRHH facilitan la comunicación directa entre directivos de todo el país.

Sin duda las plataformas existen, y el grupo RHM de Comunicación ha sido pionero en su desarrollo, sólo falta superar la resistencia al cambio, aprender de nosotros mismos y abrir espacios para conocer la opinión de las nuevas generaciones que liderarán los RRHH y que nos llevarán a afrontar mejor los futuros retos de la dirección de RRHH.


Artículo de opinión de Raúl Piriz publicado en la siguiente dirección de internet:

http://raulpiriz.wordpress.com/2010/07/02/%C2%BFque-sera-del-departamento-de-rrhh-cuando-termine-la-crisis/



La función de los recursos humanos en la empresa

Noticia enviada por Soraya Alcazar Dominguez



Dentro del éxito de una empresa conviene destacar la importancia de los recursos humanos para poder crear un clima adecuado de trabajo. En sentido estricto, los recursos humanos fomentan el desarrollo competente del personal que trabaja de forma eficaz en un entorno humano. Es decir, un ambiente en el que existe libertad para el diálogo y motivación para aprender cada día. De hecho, la formación continua debe de ser una labor inherente a cualquier trabajador.
Hoy día, muchos trabajadores tienen problemas de estrés y ansiedad en el entorno laboral. Por ello, la gestión de recursos humanos debe basarse también, en el pensamiento positivo como un medio de superación personal. Está comprobado que cuando un empleado entra a trabajar a una empresa se esfuerza el máximo y rinde también al mismo nivel, sin embargo, con el paso de los meses ante la sensación de falta de reconocimiento o de motivación, cualquier empleado tiende esforzarse menos puesto que pierde ilusión. Con el descenso de la ilusión se pierde también creatividad y ganas.
Los objetivos de los recursos humanos son los siguientes:
1) Atender las necesidades humanas que se derivan del trabajo en una empresa. Es decir, solucionar cualquier conflicto entre empleados, buscar técnicas de motivación, fomentar la comunicación y el diálogo entre el jefe y los empleados…
2) Seleccionar a los empleados de forma acorde al puesto que van a ocupar, es decir, a la labor que van a realizar. Cada trabajador tiene un talento dentro de sí mismo pero para poder potenciar dicho talento es esencial que el empleado pueda ponerlo en práctica.
3) Fomentar el liderazgo como una forma de motivación. De hecho, el liderazgo dentro de un grupo es muy positivo ya que un líder tiene el poder de orientar al grupo hacia una meta en concreto.
4) Preparar programas de formación a lo largo del año para dotar a los trabajadores de nuevos conocimientos y competencias prácticas. Además, mediante la realización de una sesión formativa, los trabajadores también pueden estrechar lazos de amistad. Algo que refuerza el compañerismo.
5) Hoy día, la selección de recursos humanos está basada en competencias. Algo muy positivo para la creación de un ambiente profesional y personal en el entorno laboral.
Hoy día, cualquier empresa tiene a personal cualificado y experto en el ámbito de los recursos humanos ya que este departamento es esencial dentro del contexto laboral.

Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet:

lunes, 3 de enero de 2011

La función del departamento de RRHH y el mobbing

Noticia enviada por Andres Donaire Romero

En la mayoría de los casos de acoso laboral el departamento de RR.HH. siempre queda mal parado.

El objetivo de este artículo es disociar la función del departamento de RRHH de las prácticas de mobbing o acoso laboral. Cuando el departamento de recursos humanos actúa en forma pasiva en casos de acoso, de alguna manera está avalando el acoso laboral.

Algunos creen que estas prácticas de hostigamiento psicológico o mobbing llegan a países de América Latina de la mano de multinacionales europeas, donde ocurren gran cantidad de casos de acoso laboral.

Existe una importante diferencia entre informar según dicta la ley a una persona que la empresa prescinde de sus servicios y el acoso laboral.  Si la empresa ha despedido a un trabajador es legal que luego impida su acceso a la Compañía.

Muy distinto es cuando la empresa quiere actuar fuera de la ley, no despide pero legitima decenas de acciones dañinas para obligar a una persona a que renuncie y así reducir costos indemnizatorios. O cuando las empresas no cumplen del todo con la ley, recurren al acoso para deshacerse de empleados que quizás junto con una indemnización laboral también reclamen otros puntos como comisiones no pagadas, aportes jubilatorios, daño moral, etc. y consigan con esto un efecto dominó con los demás trabajadores.

Las acciones de hostigamiento o acoso, a las que ningún profesional, mucho menos del departamento de RR.HH. debería adherir tienen que ver con:

Sutiles y reiteradas acciones de presión psicológica contra una o varias personas que la empresa en sí o algún trabajador considera como ‘oveja negra’: insultar, denigrar, perturbar, molestar, cambiar de puesto reiteradas veces, esconder, cambiar de lugar o robar sus elementos de trabajo, burlarse de su vestimenta o aspectos privados, inducir a los demás a que actúen de la misma manera o no dirijan la palabra a esta persona (hacer ‘el vacío a alguien’) mentir, calumniar, excluir de toda actividad que se realiza en grupo,  marginar a alguien, levantar el tono de voz exclusivamente con una persona, coartar todas las posibilidades de crecimiento dentro de la empresa, dejar notas con descalificaciones en su escritorio, acusar a alguien de algo que no es cierto, enviar mails internos con burlas hacia una persona, extorsionar (haz tal cosa, te daré otra) etc.

El hostigamiento si no conduce a un determinado objetivo, puede servir para hacer sentir mejor al acosador, frente a otro trabajador que considera una amenaza para si. Este hostigamiento o acoso laboral puede darse en 4 direcciones:


1.    Hostigamiento institucional hacia uno o varios trabajadores. Cuando la ‘orden’ viene de lo más alto de la empresa. La empresa quiere reducir sus costos y opta por ‘obligar’ a renunciar y no pagar indemnizaciones. O por una cuestión cultural, en un acto discriminatorio, una persona ‘diferente’ puede ser obligada a abandonar la empresa, como el caso de un vendedor exitoso portador de HIV en Citibank Argentina.

Si para una empresa se hace indispensable despedir a una (o varias) persona/s vía estrategias de mobbing y acoso laboral significa que internamente han fallado todos los procesos de gestión de recursos humanos como selección, capacitación, manejo de costos y administración, gestión del clima laboral, desarrollo organizacional, entre otros. Cuando esto ocurre habla de un management inepto cuya única herramienta es utilizar el terror para cumplir sus objetivos.

2.    Hostigamiento de un Supervisor o Mando a trabajador. Cuando un Gerente o Supervisor hostiga a una o varias personas en forma deliberada. Puede creer que otra persona podría quitarle el puesto. O considera que alguien es demasiado rebelde para manejar, o no le agrada como persona. Quizás el trabajador acosado, no halague lo suficiente al jefe o no siga las reglas de la mayoría en el trato hacia él o ella.

3.    Hostigamiento de uno o varios trabajadores hacia un Supervisor o Mando. Esta práctica a menudo tiene que ver con personas con un alto grado de frustración laboral (y personal) quienes consideran que ellos eran los merecedores ese puesto o ven que el Supervisor o Mando impone una nueva disciplina, cambio o nueva forma de trabajo a la que no desean adherir.

4.    Hostigamiento entre trabajadores. Cuando uno o varios trabajadores hostigan a uno o varios trabajadores en forma deliberada.

Puede deberse a problemas personales o laborales. El vendedor que más vende, puede ser víctima de acoso ya que deja en evidencia a los demás que echan la culpa de su ineptitud a factores externos (la economía del país, etc.) Quien no ‘acata’ ciertas reglas o comportamientos típicos de la mayoría puede ser víctima de acoso. Este tipo de acoso puede ser conocido como ‘la ley de la cárcel’ emulando a las penitenciarías, donde imperan normas de conductas informales creadas por los mismos trabajadores, por falencias organizativas de la propia empresa. Una cosa son los líderes naturales que actúan en el marco de las reglas de la empresa y otra cuando los líderes naturales asumen funciones que no les corresponden, como la de imponer normas de conducta, premios y castigos a los demás sin permiso explícito, ni tutela o control de la empresa.

La función del epartamento de recursos humanos, lejos de fomentar o apoyar cualquiera de estos comportamientos, tiene que ver con prevenir, detectar, informar y resolver cuestiones relacionadas con el acoso en el lugar de trabajo.

1.    Prevenir. Mediante la comunicación para que en algún momento todos puedan expresar su opinión sobre el lugar de trabajo, fomentar el desarrollo organizacional, otorgar la importancia que merece al código interno de conducta y respetar la igualdad entre trabajadores. El departamento de recursos humanos es quien debe tener el control para que las normas de conducta se cumplan.

2.    Detectar. Es más fácil detectar este tipo de comportamientos si se está en contacto y se mantiene una relación fluida con los trabajadores. Fomentar desayunos, almuerzos o reuniones de trabajo inter áreas para hablar sobre temas de trabajo grupales e individuales. Elaborar indicadores de factores de ausentismo en la empresa. El aumento del ausentismo puede indicar que el clima interno no es del todo saludable para trabajar. Hacer caso a las denuncias o quejas sobre personas agresivas o acosadores. Una queja no tenida en cuenta a tiempo puede terminar en un juicio millonario para la empresa y en una acción penal y civil para los directivos y mandos.

3.    Informar. Cualquier acción irregular detectada debe ser informada a la alta dirección o a la Gerencia general con lujo de detalles. Si la empresa pretende incorporar en su cultura la no tolerancia al acoso laboral es bueno que todos estén involucrados con el tema y que las pequeñas acciones de prevención pueden asentadas como precedentes para el futuro. Es bueno aprovechar estos casos para ofrecer brindar información al resto de los empleados. Se podría poner un mensaje en la cartelera (o realizar una breve reunión) Intranet o revista interna de este tipo:

“La Dirección de RRHH recuerda a todos los trabajadores de XXXX SA, que nuestro código de ética dice que no es aceptable levantar la voz o insultar a los demás en el lugar de trabajo. Cualquier duda o consulta sobre este tema ú otro pueden comunicarse todos los días al XXXXX y preguntar por Patricia Lagos”.

Lejos de exasperar los ánimos, un mensaje a tiempo cuando se detecta un caso de inconducta, servirá para reafirmar quien establece y  las reglas en el trabajo (la empresa) y no cada uno, según su ánimo y frustraciones personales.

4.    Resolver. Elaborar un plan en caso de detectar pequeñas acciones que pueden conducir a un caso de acoso. Establecer prioridades en el tratamiento del tema: a) instar al jefe directo a tener una conversación con el potencial acosador b) si esto continúa organizar una segunda charla  junto con el supervisor, el acosador y el departamento de RR.HH.) si esta falta de conducta continúa se deberá realizar un apercibimiento por escrito  o suspensión del potencial acosador. La posición de la empresa siempre debe enmarcarse en contra de los acosadores y no contra los acosados por denunciar un hecho.

La Justicia argentina, hizo lugar en 2006 a la denuncia de la empleada de un estudio jurídico que fue despedida con justa causa (sin indemnización) después de haber entregado una denuncia escrita a otro socio del estudio, diciendo que su Jefe la acosaba laboralmente. En la carta decía que su jefe se burlaba de su vida privada, que la criticaba utilizando violencia verbal, que no tenía contacto visual ni verbal con ella y que le había reducido sus tareas a la mínima expresión. El Juez  justificó su decisión: “La circunstancia de que una trabajadora formule una denuncia referida a uno de sus jefes y socio del estudio, y que tal determinación, sin un previo estudio acerca de la verosimilitud de las causales esgrimidas merezca la expulsión, hace pensar que parte de esas imputaciones resulten, cuanto menos, creíbles”.

Cabe destacar que en todas las empresas hay enfrentamientos, luchas de poder, fuertes discusiones, celos, intrigas, enojos, estrategias para desacreditar a otro, que son inherentes, no a una empresa sino al ser humano en sí. Se constituye en acoso únicamente cuando el comportamiento hostigador es repetitivo en el tiempo y tiene como blanco siempre a la misma persona que se siente afectada por el hecho.

Estas prácticas de acoso laboral, restan competitividad a  la empresa, ya que…

1.    Coartan el desarrollo organizacional. El comportamiento organizacional es factor clave para el desarrollo organizacional. En un clima de acosadores, acosados y testigos pasivos de estas maniobras, la energía física y mental y la predisposición para llevar adelante los procesos es menor que en una empresa donde no hay mayores problemas de conducta.

2.    A diferencia de la competencia, la empresa se convierte en un pésimo lugar para trabajar.

3.    El clima laboral es tenso y coercitivo, más propio de una unidad carcelaria (con reglas que imponen los mismos reclusos) que de una unidad productiva.

4.    Tarde o temprano se corre la voz de esta cultura perniciosa, que afectará a la imagen de la empresa y de sus directivos.

5.    Los acosadores, además de perjudicar el clima laboral, y carecer de valores éticos pueden conducir a la empresa a una demanda judicial por acoso o discriminación.

Para prevenir estos comportamientos es necesario…
1.    Fomentar la comunicación interna. Las reuniones periódicas de los directivos con los trabajadores, los mandos con directivos, los mandos con su gente, etc. fomentan abrirse a escuchar la visión de los otros. Abrir una línea de denuncias interna o un correo electrónico exclusivamente para casos de acoso laboral. Las denuncias deben ser anónimas.


2.    Dejar en claro, por escrito y en forma verbal a mandos y trabajadores (como realizan muchas empresas en Estados Unidos) que la empresa no tolerará ningún las faltas de conducta, mucho menos el acoso laboral.

3.    Capacitar en prevención de acoso laboral, código de conducta, ética, relaciones interpersonales, comunicación e inteligencia emocional. Los cursos, seminarios y charlas internas sobre el cumplimiento del código de conducta, sobre ética organizacional y las relaciones interpersonales dan herramientas a todos para prevenir y detectar casos de acosos en el lugar de trabajo.

4.    Para incorporar a la empresa, preferir a personas abiertas a aprender, integradoras y conciliadoras que a los recios, cerrados y malhumorados.  La mayoría de los casos de acoso tiene como protagonista a personas cerradas y tajantes, que consideran que el único punto de vista válido es el propio.

Estas acciones de prevención, dan cuenta que la empresa está muy lejos de avalar este tipo de conductas y pone al departamento de recursos humanos como socio estratégico clave en el manejo de conflictos y no como protagonista o generador de un conflicto.
 
Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet:
 http://www.losrecursoshumanos.com/contenidos/5529-la-funcion-del-departamento-de-rrhh-y-el-mobbing.html