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sábado, 5 de marzo de 2011

El decálogo del responsable de RRHH

Noticia enviada por José Antonio Perez Ariza

El responsable de Recursos Humanos, en una situación de crisis como la actual, debe tomar decisiones complicadas manteniendo siempre una buena relación entre la empresa y el empleado. Para conseguirlo, existen diez reglas de oro, propuestas por el Departamento de Innovación de Servicios de Meta4, que pueden ayudarle en su difícil cometido:
1. Conocimiento del negocio de su compañía y de sus objetivos a corto, medio y largo plazo. Todas las políticas de recursos humanos deben apoyarse en la estrategia de la empresa y apoyar las diferentes visiones para la consecución de dichos objetivos.
2. Conocimiento de su plantilla. El director de RRHH debe conocer cómo son los empleados, sus necesidades personales y profesionales, sus características y cómo evolucionan en el tiempo.
3. Cultura de servicio. Una de sus misiones principales es proporcionar herramientas y soluciones a la organización para conseguir los objetivos. En este sentido, son departamentos equiparables a cualquier área de negocio que se relaciona con clientes. En su caso, sus clientes son los empleados.
4. Capacidad para gestionar la complejidad. En un mundo donde reina la diversidad de culturas, generaciones y en el que se trabaja desde cualquier lugar, es esencial que aporte soluciones específicas a situaciones concretas. La personalización en sus iniciativas es un aspecto que cada vez tiene más valor dentro de la empresa.
5. Conciliación.El director de RRHH debe ser la bisagra de entendimiento en las situaciones de conflicto que surjan dentro de las organizaciones.
6. Comunicación. Transmitir valores, objetivos globales e imagen de la compañía. Ser transparentes, en la medida de lo posible, adecuando el mensaje a cada momento. Ser un foco de información para el resto de directivos y de la plantilla, de manera que facilite la toma de decisiones.
7. Coherencia. Es fundamental que desde RRHH se transmita una imagen de coherencia que permita reconocer una identidad de compañía más allá de la pluralidad.
8. Orientación a resultados. Debe orientar su función y la de su departamento para conseguir resultados concretos.
9. Apertura de mente y gestión de proyectos. Intercambiar opiniones con otros compañeros que no pertenecen al propio departamento para enriquecer los puntos de vista y garantizar la aplicación de estas decisiones.
10. Aprendizaje continuo. Estar al día de todas las posibilidades que existen en el mercado. No se trata de ser expertos en todo, sino de saber a quién o a qué acudir en el caso de necesitarlo.

Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet: http://www.cartadepersonal.com/el-decalogo-del-responsable-de-rrhh/


viernes, 4 de marzo de 2011

Organizaciones Híper competitivas

Noticia enviada por Lucia Maya Guerrero

 
Por Juan Javier Álvarez

Han cambiado mucho las cosas en los últimos años, de eso no hay duda. Las organizaciones (empresas, instituciones educativas, organizaciones sociales, deportivas, entidades gubernamentales o militares) se hallan inmersas en un escenario sumamente volátil y cambiante. Al cambio permanente, a la ruptura necesaria de infinidad de paradigmas que funcionaron bien en otras épocas, pero que ahora son irreales, se suma también la materia prima de toda organización: el hombre mismo que la compone y le da forma, cuyos ideales y aspiraciones también cambian permanentemente. Es por eso que debemos adecuar nuestra manera de ver las cosas, de dar sentido, posibilidad y valor a la realidad, casi a cada instante.
Una cultura organizacional basada en postulados rígidos, inmutables en el tiempo y, sobre todo (a juicio de sus defensores), inamovibles pase lo que pase, impide a la organización, carente de la necesaria flexibilidad e innovación en todos sus estamentos, crecer y competir con éxito. Recordemos que el mundo está inundado de todo: ideas, organizaciones competidoras, profesionales de valía, etc., pero lo que realmente falta es adaptabilidad. Falta adecuarse a las nuevas condiciones. Falta cambiar la mentalidad para tornarla apta a las nuevas condiciones. Esta es la diferencia primordial que distinguirá su organización de otra. ¿Cuántas organizaciones intentan no confirmar lo que creen o dicen que el mercado requiere de ellas, sino realmente buscan saberlo? ¿Qué nivel de concordancia con la realidad tienen las presunciones que, a capa y espada, defiende el plantel directivo?
Estamos inmersos en un escenario de competencia global, con sistemas tecnológicos tan eficientes y rápidos que pueden pulverizar cualquier distancia entre prestador y receptor de servicios o productos. La tecnología ha facilitado en extremo, como dijimos, el hecho de que se pueda ofrecer algo directamente al mundo entero, o coparticipar en proyectos internacionales. Pero esto nos remite a un poderoso efecto secundario, y es que actualmente nos encontramos con una extensa oferta de productos o servicios que, merced a la misma tecnología, siempre al alcance de todos, se han tornado escasamente diferenciados. Aparentemente, todos disponen de los mismos ingredientes para hacer las cosas.
Ciertamente, resulta indispensable replantearse cómo debe actuar una organización en un escenario de hipercompetitividad. Sin embargo, como veremos a continuación, son muy pocas las que logran amoldarse a los nuevos tiempos. Muchas declaman, de boca para afuera, que se han modernizado, que se orientan siempre a lo que pide el mercado, que escuchan sus necesidades y hasta que se anticipan a sus deseos, aunque internamente siguen enamoradas de sus productos, hacen culto a una cultura conservadora y, consecuentemente, intentan forzar el brazo de los potenciales clientes para que continúen con ideas de selección y valoración de productos y servicios que ya no están vigentes. Intentan vender un mismo vehículo, bajo un mismo color y características, a todo el mundo y para todo uso.
En realidad, el eje de estas organizaciones no es el crear un enorme valor para sus clientes potenciales, una diferencia tan notoria y provechosa que les haga decir “caramba, no cambiaremos a esta organización por ninguna otra; estamos sumamente satisfechos”, sino que buscan engañarse y mantener, con dirigidos “estudios de mercado”, los supuestos de antaño. ¿Por qué? Porque muchos directivos se sienten cómodos con ellos y no quieren (o tal vez no pueden) afrontar los cambios vertiginosos en su industria. Porque si hablamos de cambios, hablamos también de nuevas habilidades para hacerles frente. Los responsables de conducir las organizaciones del siglo XXI, ¿tienen y ejercitan estas nuevas habilidades? ¿Saben cuándo hay que desprenderse de antiguas metodologías y renovarse? ¿Afrontan esto como una oportunidad, como un desafío estimulante para crecer, emprendiendo nuevos proyectos, ampliando horizontes? ¿O prefieren quedarse donde están y, con ellos, la organización entera? Como dijimos, muchas veces se intenta imponer al cliente algo de lo que no está muy convencido y las relaciones con él se deterioran inexorablemente. Ese cliente del que hablamos es también el cliente interno: los propios colaboradores de la organización. ¿Cómo brindarán, en un escenario tan competitivo e indiferenciado como el actual, un servicio distintivo si no creen en él porque no lo reciben? ¿Qué hace la organización para motivar individualmente (no colectivamente, bajo un esquema de “esto servirá para todos”) a cada uno de sus miembros? La remuneración o el cargo no son suficiente estímulo. A las personas les motivan (internamente se motivan a sí mismas debemos recordarlo) los desafíos, el reconocimiento y el progreso de su labor, las posibilidades de crecimiento y acceso a nuevos desafíos, un ambiente de trabajo donde imperen valores positivos, y además, el ejemplo de su líder.
Se habla de atender al cliente sobre todas las cosas pero, a poco que miremos hacia el interior de muchas organizaciones, descubriremos que existen enormes problemas de comunicación entre los departamentos, que priman los sectores amurallados donde cada uno cuida su huerta sin importarle mucho compartir el agua con el resto de la plantación, y muchos otros problemas. Por ello, si bien, del dicho al hecho hay mucho trecho, volvamos a recordar el dicho, para tornarlo un hecho.
A continuación, esbozo un conjunto de medidas cuya aplicación real y no simplemente declamatoria, que logrará robustecer su organización y permitirle navegar con éxito en este entorno hipercompetitivo. Lo que sigue es fruto de una extensa investigación sobre organizaciones de todo tipo y función de las que he extractado los principios rectores generales.
Líderes de alto rendimiento
Toda organización será lo que sus cabezas piensen y ejecuten para ella. Esta verdad tan elemental muchas veces es olvidada. Hay que promover las condiciones para que su organización sea interesante a líderes y cuadros de mando que posean un excelente currículum y trayectoria. Pero por supuesto no basta con contratar a los mejores. Hay que motivarles permanentemente, estimulando su capacidad de creación y concreción de logros más ambiciosos para la institución, a la que deben ver como el mejor lugar para desarrollar una carrera profesional. Esto involucra brindarles las herramientas necesarias (todas, sin restringirles capacidad de operación y decisión de acuerdo a su cargo y función), permitirles asumir riesgos controlados, canalizar iniciativas que no se ahoguen en un mar de burocracia, y ayudarles a que triunfen y sean exitosos en su tarea.
Y hablando de motivación, analice detenidamente su forma de encarar relaciones con el equipo de conducción y también con el plantel de colaboradores, de manera que éstas sean estimulantes y positivas. A modo de ejemplo, permítame compartir con usted dos enfoques: uno negativo (y lamentablemente, bastante usual) y el otro positivo.
Organización A
“Como responsables, estamos encerrados en nuestro propio universo. Cuidamos nuestro sector, casi nunca nos reunimos para compartir experiencias y todo lo solucionamos mediante el correo interno. ¿Que si podríamos crecer más al establecer sinergias y aprovechar la experiencia ajena? Sí, tal vez, pero en nuestra estructura eso nunca se dará. Mis colegas son egoístas (o todos lo somos, de hecho). En nuestra organización se promueve solamente una fuerte competencia interna que termina desgastándonos. Ya no nos miramos como colegas y colaboradores en un conjunto de proyectos en común, sino más bien como rivales. La tensión se respira en el ambiente y cada día voy a trabajar con un sentimiento de opresión y angustia ante la posibilidad de cometer cualquier error de gestión. Por ello, mi actitud (y la de buena parte de mis compañeros) consiste en no arriesgarse a tomar ciertas decisiones sobre las que no tengamos la certeza de que darán buenos resultados. ¿Me pregunta acerca de quienes dependen de nosotros? Bueno, cumplen medianamente su función y eso nos basta. ¿Qué nos motiva a seguir? Tal vez el dinero a fin de mes, o el hecho de que, a nuestra edad, sea difícil cambiar de empleo...”
Organización B
“Es agradable venir a trabajar. Con el resto de directivos conformamos un equipo de trabajo unido que sabe afrontar cualquier situación con dinamismo, compartiendo experiencias, puntos de vista y, sobre todo, una enorme capacidad de aunar esfuerzos en pos de una meta común. Comprendimos que no podemos concebir ninguna relación con quienes reciben nuestros servicios sin antes escucharlos, sin comprenderlos cabalmente. Conformamos unidades de trabajo dinámicas que aprovechan sinergias y comparten permamentemente información a través de nuestra Intranet, de reuniones semanales y de sesiones de creatividad. Nuestro clima de trabajo es muy exigente (con objetivos que involucran un desafío pero son perfectamente posibles), y no obstante ello, no deja de ser cordial y cooperativo. Si expresamos que nuestros clientes deben obtener lo mejor de nosotros, intentamos a diario aplicar este concepto hacia nuestros clientes internos, es decir, hacia cada miembro de nuestra organización. Con respecto a tomar decisiones, asumimos riesgos controlados pero no dejamos que el inmovilismo generado por el miedo a cometer errores nos corte las alas de nuestra visión de futuro. Avanzamos innovando en todo, hasta en el hecho de descartar formas de pensar, actuar y concebir las cosas, que si bien antes daban resultado, ahora se pueden tornar en amarras que no nos dejen crecer. Nuestros colaboradores están preparados y motivados para dar lo mejor de sí en su relación con los clientes y la organización ha logrado obtener sólidas relaciones que generan un feedback positivo.”
¿Observa la enorme diferencia entre ambos casos? Para lograr una organización eficiente, lista para interactuar con éxito bajo hipercompetitividad, cada directivo, desde su lugar de trabajo, debe tener en cuenta que su actividad diaria debe promover a:
· Una constante intención de mejora e incremento del valor de su actividad, de la performance de su sector y de su relación con clientes, proveedores, distribuidores, colaboradores y colegas. A su vez, forma parte de su función el sentido de la optimización, a fin de realizar más cosas con menos recursos, a la par de evitar gastos superfluos y reducir aquellos costes innecesarios. ¿Hablamos del empleo de un recurso irreproducible: el tiempo? Debe definir acertadamente qué es Urgente, qué es Importante y qué es Relegable.
· Mantener un equipo de trabajo competitivo, adecuadamente formado, que aproveche las fortalezas de cada miembro y que se preocupe siempre por estar un paso adelante de lo que hace la competencia. Los colaboradores deben verle como un líder que abre y facilita el camino y que les acompaña en la concreción de las metas parciales.
· Asumir los cambios que se producen en su mercado, y en el entorno en general, como oportunidades inmejorables para acercarse mejor a los deseos y necesidades de los clientes, y no como hechos a los que no hay que dar importancia. Un día se caerá en la cuenta que esos cambios, que originaron ciertas tendencias, fueron aprovechados por competidores más perspicaces. El punto central de este párrafo se centra en adquirir una visión más allá de nuestras paredes (tanto mentales como del mercado al que atendemos, nuestra propia concepción de las tareas o hasta de nuestra disciplina profesional) y llegar a observar y analizar minuciosamente qué sucede en las esferas que giran rozando nuestro universo conocido. Hay tecnologías que, ahora, tal vez creamos que no incidirán en nuestra actividad, pero que si las analizamos debidamente, notaremos que lo harán muy pronto. Nunca hay que permitir que las metodologías que una vez estudiamos y practicamos, o la propia inercia, obstaculicen nuestra percepción del futuro.
Todo esto lleva a preguntarnos: ¿Cómo puede la Alta Dirección establecer el ambiente propicio sobre el que se edificará un management competitivo? (Nota al margen: recuerde que el término management se aplica a cualquier tipo de organización). Básicamente afirmando, como sólidos cimientos, cinco pilares fundamentales:
· Confianza: junto con el cargo, se delega intrínsecamente una enorme dosis de confianza, tanto hacia la persona, como a su desempeño profesional. Nada de controles asfixiantes. Nada de delegar a medias y burocratizar su gestión.
· Apoyo: los demás colegas deberán brindar todo el apoyo y ayuda que cada integrante precise para que su gestión sea exitosa. El adversario no está dentro de las paredes de la institución, aunque esto se olvide. De hecho, muchas veces, el término adversario también es incorrecto, de cara a organizaciones que, bajo una óptica antigua, siempre tienen que competir entre sí. Hoy en día se compite pero también se colabora. Se crean estructuras que aprovechan lo mejor de la complementación. Se alían organizaciones para un fin común.
· Colaboración: el mejor líder no es nada sin un excelente equipo de colaboradores a su alrededor. Profesionales de primer nivel, con espíritu innovador, dispuestos siempre a adaptarse a nuevos entornos y escenarios, liderados por un directivo de amplia visión, harán que la organización sobrepase sus metas.
· Respeto: se entrega confianza a cada directivo, y también se respeta su trabajo. No se le está encima, imponiendo criterios o desautorizando sus decisiones a cada instante.
· Información: cada directivo debe saber a ciencia cierta qué espera la organización de él, cuáles son los objetivos que debe concretar su sector (todos, mancomunadamente), quién y cómo evaluará su nivel de concreción y desempeño profesional, qué decisiones puede y no puede tomar y qué autonomía tiene para encauzar nuevos proyectos que no se aparten de los objetivos generales. A su vez, debe disponer de toda la información relevante para desempeñar correctamente su trabajo.
Una estructura dinámica
Muchas organizaciones grandes son superadas a diario por otras más pequeñas pero muy movedizas, que están pendientes de las tendencias emergentes, que poseen la tecnología adecuada y equipos interdisciplinarios fuertemente motivados. Mientras la gran estructura precisa pasar un papel por diez manos a la hora de autorizar una decisión, la otra decide en uno o dos pasos. En ellas, cada delegación de tareas conlleva la capacidad de decidir, de arriesgarse ante la oportunidad, de buscar permanentemente nuevas formas de hacer más cosas con lo que se tiene, y en caso de tener que cambiar, hacerlo sin mayores miramientos ni nostalgias. Las estructuras son mucho más planas que en las grandes organizaciones. No obstante ello, cada miembro sabe perfectamente cuál es su función y responsabilidad, y de qué manera puede interactuar con el resto, conformando poderosos equipos de trabajo para establecer y aprovechar sinergias, al constatar que el todo siempre es superior a la suma de las partes. Estos equipos se forman para acometer determinados proyectos, y una vez logrados, se acomodan (cuantitativa y, sobre todo, cualitativamente) a una nueva meta a concretar. No son estructuras gigantes y pesadas para todo servicio que sólo aumentan costos, ineficiencia, lentitud y burocracia. Hablamos de sectores y equipos de trabajo muy dinámicos y movedizos, que se adaptan a los permanentes cambios del entorno, que utilizan metodologías y las descartan cuando no les brindan la solución a sus problemas (nunca intentan adaptar la solución a las herramientas de que disponen, pues conocen que la mejor solución no la encontrarán así); equipos y sectores que experimentan, ensayan, arriesgan y aprenden de sus errores, pero que saben descartar un camino de dudosa rentabilidad al no casarse con él. Establecen un vínculo, sí, pero con el mercado y los objetivos. Saben que la razón de su existencia como organización es establecer una diferencia positiva y de valor para los clientes, fuera de las puertas de la institución. Los clientes tienen que ver y apreciar (dos condiciones) el valor de lo que se brinda. Si esto no es así, hay algo que falla y hay que corregirlo prontamente. Para detectar con antelación lo que aprecia el cliente a la hora de evaluar ese producto o servicio en particular, los equipos y sectores de la organización tienen siempre un oído puesto en el mercado. Pero saben escuchar también los matices de las tendencias emergentes. Si su conocimiento del mercado es completo y detallado (pocas organizaciones se esmeran en esto) podrán prever cuáles de esas tendencias se transformarán en nuevos modelos a seguir y hacia allí encaminarán también sus esfuerzos.
Una nueva manera de pensar las cosas
Los clientes, o quienes reciben el servicio de la organización, no se enamoran de sus productos y servicios eternamente; pueden ser infieles en cualquier momento (mucho más en un escenario global). Los proveedores y distribuidores pueden también encontrar más ventajoso trabajar para la competencia. Los cambios se suceden a diario y no esperan a nadie. Los ciclos de vida de los productos se tornan cada vez más cortos. Entre otras cosas, la tecnología ha hecho que todos nos parezcamos demasiado. ¿Qué nos indica todo esto? Que hay que ser adaptativos, que hay que pensar nuestro negocio en función del mercado. Lo realmente importante es generar, transmitir y utilizar conocimientos y habilidades que nos brinden posibilidades de progreso, de estar a la delantera. Debemos combinar las piezas de lo que podemos y sabemos hacer, buscando constantemente nuevas figuras a construir.
Ser proactivos
En la actualidad, si nos quedamos esperando que las circunstancias se den de manera tal que no debamos afrontar ningún sobresalto ni tomar decisiones arriesgadas, de seguro terminaremos a la vera del camino, sobrepasados por aquellos corredores que se apresuraron a interpretar lo que nosotros esperábamos que alguien, gentilmente, nos tradujese. Hay que ser proactivos, debemos generar nuestro camino. No podemos simplemente reaccionar a lo que acontezca, porque cualquiera nos tomará ventaja.
Mirar siempre hacia el mercado
Si admitimos que toda organización se sustenta en sus clientes, en lo que satisface mejor que nadie para ellos, forzosamente deberemos reconocer que son ellos el eje central de todo lo que hagamos. Y esto se aplica, con toda su fuerza, a cualquier tipo de institución e industria como por ejemplo, las tecnológicas. Si la empresa se sustenta exclusivamente en una visión “de ingeniería”, fácilmente puede perder su rumbo, cambiando la ecuación. En vez de satisfacer mejor ciertas necesidades (atención: que sean reales y que exista un mercado, ante todo), la organización termina por impulsar un desarrollo que, de tan innovador, carece de la necesaria aceptación o comprensión al momento de su lanzamiento. Para evitar esto, tanto directivos como colaboradores deben mirar hacia el mercado, en la intención de descubrir sus necesidades, preferencias e inquietudes, y como se dijo anteriormente, tendencias viables. Nada mejor que instrumentar mecanismos de interacción con los clientes donde ellos puedan brindarnos su opinión. Utilice medios que no sean fácilmente manipulables por ciertos colaboradores que tengan miedo a que los clientes digan tal o cual cosa y salga a la luz su mal desempeño. Dedique un momento de la semana para hablar personalmente con los mejores clientes. ¿Qué está incidiendo sobre ellos y qué les llama la atención? Analice si podría ser un buen camino para algo nuevo. Intente también profundizar, no tanto en lo que les agrada de su organización, sino en lo que les disgusta o no termina de conformarles. ¿Qué solución propondrían? ¿Qué deberíamos cambiar o adecuar?
El cliente de hoy... y el de mañana
Su organización, y usted, deben luchar denodadamente por sus clientes. Por conservarles (la cuestión se centra en este punto). Por venderles más. Por servirles mejor. Para ello, hay que satisfacer sus necesidades y preferencias antes que la competencia. ¿Cómo hacerlo? En primer lugar, apóyese en sus fortalezas, en lo que sabe hacer mejor, en aquello que sólo su organización brinda con ese nivel de calidad, servicio, trato humano y condiciones. No intente ser un pulpo que abarque todo, pues terminará haciendo muchas cosas, y ninguna bien. Focalice sus esfuerzos y recursos. Sea el mejor en algo, en eso que le distingue. Añada valor a todo lo que hace. Mire las cosas como si estuviese en la piel de su cliente. ¿Cómo me gustaría ser atendido? ¿Cómo desearía que la organización valorara mi fidelidad hacia ella? ¿Qué atenciones espero de quien recibe mi volumen de compras? Mire a sus clientes actuales, pero también prepare a su equipo para observar nuevos mercados, nuevos clientes potenciales a los que satisfacer. No parametrice su visión hacia el esquema de siempre conozco cuál es mi cliente-meta. Se trata de... porque tal vez mañana deba cambiar o agregar algo a esta frase. Si no lo hace, estará regalando su participación a un competidor.
Para finalizar
Como vimos, las organizaciones hipercompetitivas (sean pequeñas, medianas o grandes) se construyen no sólo profundizando uno o dos aspectos considerados clave o de moda. Se tornan así merced a un cambio profundo que abarca su cultura, capacidades, estrategias, diseño interno y percepción del mercado. El desafío, como se intuye, es constante. Nunca se puede descansar y decir: con este modelo duraremos varios años, justamente porque el mercado cambia día a día. Pero si bien ese cambio cotidiano exige un esfuerzo para estar a la altura, también otorga innumerables posibilidades que abrirán nuevos horizontes. Hacia ellos deberá ir su institución.

Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet:
http://www.rrhhmagazine.com/articulos.asp?num_art=363



miércoles, 2 de marzo de 2011

¿Qué será del departamento de RRHH cuando termine la crisis?

Noticia enviada por Laura Buenavista Rangel

“El trabajo de los directores de RRHH será cada vez más importante en los próximos cuatro años”.
Con estas palabras, Steve Forbes, presidente y CEO de Forbes Inc., y editor en jefe de Forbes magazine abría esta semana una de las convenciones más importantes de Directivos de RRHH de EEUU.

Una visión que viene de la mano del optimismo que sólo puede dar la reactivación de la economía norteamericana que, aunque de forma paulatina, muestra ‘brotes’ de recuperación. Y eso bien lo sabe Forbes quien, sin dejar la crítica sobre las causas que desencadenaron la crisis financiera y económica de los EEUU, asume el reto de pensar con visión de futuro y orientar las estrategia de las organizaciones bajo la acción estratégica de los Recursos Humanos.

Para Forbes el futuro necesita de reformas laborales y de leyes relacionadas con los lugares de trabajo creadas con el aporte directo de Recursos Humanos porque, a su entender, somos los responsables directos de gestionar áreas estratégicas para la productividad de la organización. De nosotros depende cómo se identifica, desarrolla y retiene el talento de aquellas personas que garantizan la productividad de la organización, la aplicación de planes viables de formación para directivos y empleados, la creación y puesta en marcha de procesos de I+D que garanticen el establecimiento de una base sólida de conocimiento e información para toda la organización, la planificación y puesta en marcha de iniciativas que garanticen un clima laboral positivo y la conciliación de la vida laboral y familiar, etc.

Sin embargo, esta afirmación en el contexto español parece una idea utópica más que un objetivo real que también podamos conseguir.

Guardando la lógica distancia entre el sistema productivo de EEUU y España, sí podemos sacar lecciones importantes sobre el camino que en estos años ha seguido EEUU para lograr una recuperación productiva sostenible y sobre cómo la gestión de las personas se ha posicionando, a medio y largo plazo, como motor de esta trasformación.


Sabemos que el cambio en el modelo productivo estadounidense ha sido forzado por el desastre económico que desencadenó la especulación financiera que, con el nombre de Madoff, mostró hace unos años su cara más corrupta y que lo lidera Barack Obama, un presidente capaz de sacar adelante, entre otras muchas iniciativas políticas, dos reformas históricas para el sector financiero y sanitario que supondrán una profunda transformación en el sistema laboral y productivo de las empresas estadounidenses. Pero también el cambio viene precedido de una rápida capacidad social y empresarial para asumir riesgos y sacar el máximo provecho de cualquier situación de crisis.

Un contexto muy diferente al nuestro, donde aún somos cautivos de una clase política incapaz de alinearse en beneficio del sentido común, donde la reforma más radical se basa en reestructurar el mercado laboral sin el consensos de los agentes sociales, y las medidas de ajuste se limitan a reducir el gasto público sin una previsión sobre oportunidades de crecimiento para empresarios y emprendedores.

Actualmente los directores de RRHH de los EEUU trabajan para afrontar el cambio que la reforma sanitaria supone para sus organizaciones, ya que por primera vez ellos serán los responsables de desarrollar un sistema de bienestar a través de la gestión de la salud de sus componentes, asumiendo la gestión de las enfermedades laborales, la productividad y los hábitos de trabajo; responsabilidades que los directores de RRHH españoles sabemos gestionar desde hace muchos años, pero que en la práctica sólo conseguimos influir parcialmente porque debemos destinar gran parte de nuestro tiempo a realizar acrobacias para equilibrar los objetivos del departamento con los recursos económicos y objetivos que establece la empresa.Sin contar con que actualmente, un gran número de directores y profesionales de RRHH están siendo desplazados de sus funciones por carecer de sentido estratégico a los ojos de quienes establecen los planes de reestructuración de sus compañías.

En EEUU, a diferencia de España, se comienza a hablar de la recesión en tiempo pasado, y se comienzan a sacar las primeras lecciones de un proceso difícil, pero que ha forzado un cambio profundo y necesario en su tejido productivo; un cambio del que los directivos de RRHH son parte y que les obliga a fijar nuevas estrategias para ampliar las oportunidades de selección y retención del talento en el periodo post-recesión.

Desde esta visión, los directores de RRHH coinciden en la importancia de mantener y apoyar, incluso en los momentos más difíciles, aquellos beneficios sociales orientadas a las familias de los empleados –incluyendo las parejas de hecho y las familias monoparentales-, más que gastar demasiado en servicios individuales; siendo inevitable reducir los beneficios ligados a los viajes de negocios, -limitando las cuotas de viaje, los gastos de hotel o el coste de las llamadas telefónicas- y las actividades extra empresariales –como eventos culturales, deportivos, festivos, etc.-

Asimismo, coinciden en establecer estrategias de futuro pensando en la inevitable globalización de los mercados laborales y económicos. Por eso, concuerdan en mejorar las políticas que hoy se desarrollan relacionadas con la vinculación del talento con la movilidad laboral, sobretodo en el caso de las expatriaciones, ya que es necesario analizar cuál es el rendimiento de la inversión cuando las empresas asignan responsabilidades internacionales a sus empleados cuando éstos, a su vez, cada vez cuestionan más esta vía laboral para su desarrollo profesional porque no tienen la garantía corporativa de progresar dentro de la organización una vez repatriados. Un error que representa para la empresa pérdidas significativas en cuanto a experiencia y talento.

Por su parte, en el periodo de recuperación, la dirección de RRHH tendrá que blindar con tecnología avanzada a la organización para facilitar la gestión de la información y del conocimiento entre profesionales que tenderán a desplazarse con mayor frecuencia y difícilmente coincidirán en un mismo lugar físico. Una realidad que, aunque aparentemente lejana en el escenario español, es la tendencia global que terminará primando en proceso productivo de futuras generaciones, que sin duda, preferirán ser parte de organizaciones que ofrezcan una política de trabajo flexible, semanas laborales comprimidas, y la opción del teletrabajo.

Por su parte, este año y de la mano de Obama, la administración central estadounidense ha demostrado su sensibilidad hacia la transformación del sistema de trabajo en las empresas apoyando el desarrollo de una plataforma política y pública que establezca ideas sobre políticas de trabajo basadas en la innovación, mejores prácticas y la responsabilidad social corporativa. El objetivo, según la propia primera dama, Michelle Obama, es encontrar formas de alentar a los empresarios a proporcionar más flexibilidad a sus empleados para apoyar a las familias y fortalecer la economía nacional. Una iniciativa que circula por todas las esferas de representación social y que en un breve tiempo espera dar sus primeros frutos.

Ejemplos como el de EEUU nos deben servir para pensar en el futuro superando las trabas que hoy afrontamos a nivel nacional y corporativo, y nos ayuden a creer que podemos mejorar como sector profesional.

Asimismo, es de obligado cumplimiento, anotar que ejemplos de actuación global como los de EEUU sólo son posibles mediante la participación activa de los propios directivos en la solución de sus problemas internos desde una visión de conjunto que, en el caso de los profesionales de RRHH, se traduce en altas tasas de participación a nivel de comunidad y en la interconexión que mantienen con el resto de departamentos que componen la organización.

En su caso, compartir sus experiencias directivas, supone un valor añadido a su función y no una amenaza. Resistencia que aún mantienen algunos directivos españoles por falta de costumbre o bien por falta de autoridad dentro de su propia organización. Y que si fuera derribada, permitiría escuchar lo que ocurre en empresas que, aunque no sean necesariamente punteras en su sector, facilitarían la creación de una comunidad de RRHH más homogénea y democrática.

Por nuestra parte, y como grupo especializado en información para el conocimiento de los RRHH, trabajamos por ofrecer a los profesionales y directivos de RRHH las plataformas de comunicación necesarias para compartir sus experiencias directivas. Por ello, nuestra sección Quién es Quién en RRHH, donde los directivos de RRHH dan a conocer su función directiva a través de entrevistas en profundidad, está pensada para directivos de pymes y grandes empresas. Nuestros medios de comunicación cuentan, en gran parte, con contenidos elaborados por profesionales de RRHH que, más allá de los fines comerciales, les interesa como herramienta para compartir su visión sobre RRHH y nuestras redes profesionales de RRHH facilitan la comunicación directa entre directivos de todo el país.

Sin duda las plataformas existen, y el grupo RHM de Comunicación ha sido pionero en su desarrollo, sólo falta superar la resistencia al cambio, aprender de nosotros mismos y abrir espacios para conocer la opinión de las nuevas generaciones que liderarán los RRHH y que nos llevarán a afrontar mejor los futuros retos de la dirección de RRHH.


Artículo de opinión de Raúl Piriz publicado en la siguiente dirección de internet:

http://raulpiriz.wordpress.com/2010/07/02/%C2%BFque-sera-del-departamento-de-rrhh-cuando-termine-la-crisis/



domingo, 20 de febrero de 2011

Web 3.0: Expectativas muy altas

Noticia enviada por Carmen Martin Diaz


Web 2.0 puede definirse como la explosión de las redes sociales en Internet. Google mismo ha sido desplazado por Facebook en Estados Unidos como el lugar con más visitas. Poco más se puede pedir del desarrollo de las redes. Sin embargo, cuando se comenzó a hablar de Web 2.0, algunos anticiparon la idea de “web semántica”, idea que poco a poco quedó aparcada y vuelve a emerger como la característica central de la Web 3.0 en ciernes.
Un pequeño repaso histórico puede servir para saber de dónde venimos y hacia dónde podría dirigirse la Web 3.0 y si, realmente, estamos en condiciones de que el concepto de “web semántica” sea una promesa que se puede mantener y bajo qué condiciones.
Tras una visita al museo de robótica del M.I.T. se comentaban aquí mismo las causas del fracaso de la inteligencia artificial, causas que van indisolublemente unidas al concepto de semántica: Searle, con su experimento de la “habitación china” pondría de manifiesto la enorme diferencia que existe entre operar un sistema y comprender un sistema y todavía hoy algunas de las viejas glorias de la Inteligencia Artificial no se han dado cuenta de ello:
La “habitación china” era una respuesta a Alan Turing mostrando cómo es posible engañar a un observador externo chinoparlante haciéndole creer que se sabe chino cuando, simplemente, se están siguiendo instrucciones sin saber sobre qué se está conversando.
Ahí está el gran fracaso de la inteligencia artificial o GOFAI, como es conocida por muchos. Esto no significa, sin embargo, que el desarrollo de una auténtica inteligencia artificial que vaya más allá de los number-crunchers al estilo de la máquina que derrotó a Kasparov jugando al ajedrez a pesar de no saber qué es el ajedrez pero la inteligencia artificial, tal como era concebida primero por Turing y después por Minsky y demás acompañantes es más que probablemente una vía muerta.
No entraré ahora a fondo en los motivos por lo que creo que ese modelo de inteligencia artificial es una vía muerta pero una síntesis de los motivos pasada por el Winzip daría lugar a una única palabra: Significado.
¿Podemos añadir significado a la web cuando no hemos sido capaces de añadírselo a la forma de operar de los ordenadores? La respuesta es afirmativa y hay dos formas: Una inmediata y otra posible en un futuro más o menos lejano.
Forma inmediata de añadir significado o, si se prefiere, inteligencia: Utilizar la inteligencia de los usuarios. Muchos lectores de este artículo pueden ser usuarios de Alexa, y si no lo son, hacen mal. Alexa introdujo una modificación que, paso a paso, va introduciendo también Google: Utilizar a los usuarios para añadir en las búsquedas el criterio que le puede faltar a una máquina por potente que sea el algoritmo.
Algo tan aparentemente sencillo como presentar en la barra de Alexa cuáles son las páginas que suele visitar la gente que visita ésa en la que estamos ahora mismo requiere un esfuerzo importante de ingeniería social parecido al realizado por Amazon –uno de los iniciadores de Alexa- quien, cuando se compra un libro en su web indica qué otros libros suelen comprar aquellos clientes de Amazon que han comprado ése y, basados en compras anteriores, cuando sale algo que está siendo comprado por otros que tienen un historial de compra parecido hacen sus recomendaciones.
¿Ordenador capaz de trabajar con significados? De ninguna manera: Uso inteligente de la información de los usuarios que son quienes aportan el significado. Esto nos da una pista sobre por dónde podría ir la Web 3.0: Aplicación de modelos tipo Alexa o Amazon sobre las redes sociales perfilando a sus usuarios y, en lugar del “personas que podrías conocer” de Linkedin, mostrar a “personas con intereses similares a los tuyos”. Bien implantado, puede ser un paso importante y, desde luego, muy lejos de la dirección en que se movía la célebre “GOFAI”, anagrama de Good, Old Fashioned Artificial Intelligence.
Una web semántica, por tanto, iría muy apoyada sobre la Web 2.0 y el hecho de que los ordenadores continuasen ciegos al significado diría poco sobre su potencial en el terreno semántico puesto que el significado lo aportarían los usuarios.
Si pensamos en el largo plazo, podría no ser la única solución pero dudo mucho de que ésta fuera en la dirección de la “GOFAI” y su particular “Esperando a Godot” en el que ordenadores más rápidos y con más capacidad conseguirán comportarse inteligentemente…a pesar de que dispositivos físicos mucho más lentos que los ordenadores actuales como las humildes neuronas los baten por goleada en algunos terrenos.
Posiblemente, el autor que más clara vio la evolución futura en el ámbito de la inteligencia artificial fue Jeff Hawkins y lo más recomendable es leer su libro “On Intelligence”. No es de esperar en modo alguno que la Web 3.0 llegue a los niveles que Jeff Hawkins establece como propios de una máquina inteligente pero, aún así y aún teniendo en cuenta la ceguera al significado, sí podría hacer honor al nombre de “web semántica”.
El futuro inmediato nos lo dirá. 

Publicada originalmente en la siguiente dirección de internet:


jueves, 6 de enero de 2011

EL DESAFIO DE LA GESTION - RRHH 2020

Noticia enviada por Ana Rosario Casalvazquez Párraga

Todos los que nacimos en el siglo XX teníamos la mirada puesta en el año 2000, que no llegaba nunca. Parecía un horizonte inalcanzable que se desplazaba inmediatamente tan pronto dábamos un paso hacia él, como en aquellas historias sobre el tesoro al final del arcoiris. Todavía recuerdo como la televisión reflejaba las festividades y fuegos de artificio que se desplazaban de este a oeste.

El siglo XXI empezó para las organizaciones, bajo el síndrome del Y2K, que anunciaba todo tipo de cataclismos inimaginables hasta un año antes. Quizás las primeras manifestaciones concretas en materia de recursos humanos hayan sido la instalación de bonos de permanencia para el personal de sistemas a pagarse en el primer cuatrimestre de 2001, sujeto a que todo estuviera funcionando adecuadamente.

Sin embargo, después de esa interminable espera, estamos en la antesala de la segunda década del siglo. Como he sostenido en otras oportunidades, nada cambia los primero de enero, ni el día de nuestros cumpleaños. Los cambios son constantes y los nuevos paradigmas se generan antes, durante y después de esas fechas. Sólo son un hito para reflexionar, una pausa para tomar aliento.

Por ello creo que sería conveniente analizar algunas tendencias y temas que se han instalado o se están desarrollando con posible impacto en la gestión de las organizaciones.

1.- La Generación Y: La próxima década será definitivamente la toma de posesión del liderazgo de las organizaciones más allá de las fronteras de las empresas de tecnología. Tendrán el desafío de encontrar el equilibrio entre la necesidad de armonizar estructuras organizativas, flexibles, informales, de pocos niveles con los requerimientos mas tradicionales de las funciones que soportan el día a día. También como todas sus predecesoras, está generación tendrá el reto de dejar de ser “ultimo modelo” y convivir, antes de lo que imaginan, con la generación que los suceda.

2.- Hiperconectividad: Las organizaciones serán parte de redes mayores al igual que las funciones actuales. Esto se ve hoy y sin duda se incrementará. Por ende también crecerá significativamente el teletrabajo y el trabajo en equipo desde conexiones remotas. ¿Cómo definiremos el concepto de presentismo? Imagino una suerte de “individualismo colectivo”, solo pero integrando un equipo. Para todos los que trabajen en forma remota, las fronteras entre lo laboral y lo personal se diluirán significativamente. ¿Cómo mantendremos el equilibrio entre la vida laboral y vida personal?

3.- Equipos por proyecto: También se ve hoy la integración de equipos por proyectos que se disuelven al concluir, para reformularse en función de sus nuevos objetivos. Liderazgos alternativos según la especialidad requerirá la cuota de humildad y flexibilidad para asumir diferentes roles, al mismo tiempo y muchas veces con las mismas personas.

4.- Diversidad: En el mundo integrado no alcanza con trabajar sobre las minorías étnicas, las diferencias de nacionalidad, género, diferencias de generación u oportunidades para personas con capacidades diferentes. La gestión de la diversidad es un requerimiento de la estrategia de negocios de toda compañía que aspire a ser global.

5.- Movilidad global del talento: No obstante la hiperconectividad, la movilidad de los talentos alrededor del mundo, es el corolario necesario de la diversidad, para comprender lo diverso hay que aproximarse y convivir con ello. Para ello, (como sostienen Jeanne C. Meister and Karie Willyerd – The 2020 Workplace) se deberá desarrollar ejecutivos con mentalidad colaborativa, amplia que tome decisiones inclusivas de colegas y colaboradores y que desarrolle la responsabilidad en todos los niveles. Las empresas deberán encontrar una buena solución al tema de las repatriaciones y de la expatriación cuando los cónyuges tienen sus propias carreras o asumir que dichos ejecutivos son ciudadanos “corporate” y que pueden terminar sus días en cualquier país.

6.- Outsourcing: Las tercerizaciones (outsourcing / off-shoring) a pesar de lo de que percibimos en Argentina, tendrán una importancia creciente en el los próximos años. Las corporaciones deberán cuidarse de mantener en el “core” aquellas actividades esenciales, pero la tendencia es clara en pro de la tercerización de aquellas actividades no esenciales. En los países desarrollados será una actividad que fomentará el crecimiento del empleo, aunque en los países en desarrollo probablemente enfrentemos creación de empleo de baja calidad.

7.- RSE: La atención de todos los stakeholders será creciente. No alcanza con la vieja definición de maximizar los intereses del accionista. Los verdaderos intereses del accionista son los de largo plazo, que satisfaciendo a todos los stakeholder, obtienen legitimidad en la sociedad y por ende, perdurabilidad en sus emprendimientos.

8.- Corporate Governance: Sin duda a medida que el mundo se torna más complejo, se desarrollará una necesidad creciente de transparencia y sentido ético en todas las actuaciones organizacionales. El modo como las corporaciones desarrollan sus actividades será cada vez mas importante y equivalente a la importancia de los resultados obtenidos.

Si bien, los puntos mencionados anteriormente, no son los únicos temas o tendencias de la década por venir; estoy convencido que estarán íntimamente presentes en nuestra agenda. Obviamente nos seguiremos ocupando por la gestión del talento, pero de este y otros temas ya nos hemos estado ocupando desde hace años.

Lo que se avecina son las relaciones de colaboración o caos, oportunidades o confusión, crecimiento o frustración; innovación y creatividad, ligados a un aprendizaje constante, sin dejar de lado el papel de las tecnologías, así como la generación de mensajes y nuestra presencia en las redes sociales.

Espero que todos los que somos operadores de las realidades corporativas, estemos a la altura de las circunstancias.

Artículo de opinión de Guillermo Ceballos Serra publicado en la siguiente dirección de internet:

http://ceballosserra.blogspot.com/2010/11/el-desafio-de-la-gestion.html

Revolución en la gestión del talento

Noticia enviada por Geraldine Colin


Uno de los grandes retos a los que se enfrenta el modelo tradicional de empresa, así como sus gabinetes de recursos humanos, especialmente en tiempos de crisis, es no solo la detección del talento entre sus ejecutivos, sino cómo retenerlos. Para ello, las nuevas tendencias preconizan la personalización de los planes de carrera de sus directivos y empleados, esto es, la gestión individualizada, considerando como valor central su talento y posterior desarrollo.

Según los expertos, la personalización de la gestión del talento puede generar importantes resultados, tales como una fuerza laboral más comprometida y satisfecha, un menor índice de rotación y una mayor capacidad para atraer a las "estrellas" de la fuerza laboral.

"La personalización nace del convencimiento de lograr más con menos, en el sentido de desarrollar al máximo el rendimiento y la productividad de empleados y directivos. Es un error tratar a los profesionales como si fueran todos iguales, dado que poseen capacidades, necesidades de carrera y formas de aprender diferentes", afirma David Smith, director ejecutivo del área de Talent & Organization Performance de Accenture y coautor, junto a Susan Cantrell, del libro Gestión individualizada de personas (Workforce of one). La época del "café para todos" ha tocado fondo y así lo han entendido compañías multinacionales líderes como Microsoft, Google y Procter & Gamble en Estados Unidos, continúa.

A través de la individualización se pretende hacer un traje a la medida para cada empleado, diseñado para encontrar sus motivaciones y potenciarlas y ahondar en cada estilo de trabajo. "La gestión personalizada en los considerados talentos o colectivos de alto potencial se está aplicando hace algún tiempo, lo que ocurre es que ahora está en auge", explica Pilar Jericó, socia de Innopersonas, escritora y experta en gestión del talento. "A pesar de los momentos difíciles que estamos viviendo, el talento sigue siendo una prioridad estratégica, y más en épocas de crisis. Para detectarlo existen diferentes variables, dependiendo de la cultura de cada empresa. Son fundamentales los resultados que obtenga el directivo, que proyecte mayor recorrido en su trayectoria, es decir, que en potencia pueda obtener mayores resultados a futuro y, muy importante y definitivo, que sus valores estén alineados con los de la compañía. En esta línea destaca Banesto con su programa modélico GPS", añade Jericó.

"El GPS Profesional Banesto (Guía de Progresión Profesional Sostenible) es una evolución de los planes de carrera tradicionales, adaptados al actual entorno sociolaboral, que contempla la flexibilidad como norma; una creciente focalización en fórmulas de desarrollo profesional "a medida", así como diferentes expectativas sobre el tiempo de permanencia. Se abandona el concepto de "carrera para toda la vida" a favor de planes de desarrollo individuales a corto y medio plazo", señala Miguel Sanz, director general de recursos humanos de Banesto.

David Smith explica las cuatro fases para llegar a esta gestión individualizada de personas. La primera es "segmentar la fuerza laboral en función de las preferencias, el valor que aporta a la empresa, su puesto o la generación a la que pertenece para adaptar la gestión de personal a las características de cada grupo. La segunda, ofrecer opciones modulares, es decir, que las empresas ofrezcan una lista preestablecida de opciones para que los empleados puedan personalizar su experiencia laboral". Después, continúa, hay que definir unas reglas amplias y sencillas que los trabajadores o directivos puedan interpretar de muchas formas diferentes. La empresa Best Buy tiene una máxima, obtener resultados. Así, esta empresa de distribución minorista permite al 60% de los 4.000 empleados que trabajan en sus oficinas centrales definir cuándo y dónde desean trabajar, siempre que completen su trabajo.

Finalmente, "la cuarta fase sería fomentar la personalización por parte de los empleados, que sean ellos mismos quienes definan y creen sus propias prácticas de gestión de personas al margen de los límites, opciones o políticas definidas centralmente y dirigidas a satisfacer las necesidades de determinados segmentos de la plantilla", concluye Smith.

Francisco Puertas, socio de Accenture, manifiesta que "las grandes empresas españolas están preparadas y son lo suficientemente maduras como para asumir estos cambios en sus políticas de personal. Sobre todo en las orientadas al directivo nacional, cuyo perfil de alto rendimiento y calidad, trabajo duro y gran conocimiento del negocio le convierte en líder potencial de la fuerza laboral".

Banesto cuenta con un modelo de gestión del talento apoyado en los gestores de recursos humanos, que están repartidos por todo el territorio nacional y dan servicio a agrupaciones de empleados bajo un modelo de servicio personalizado, entendiendo al empleado como cliente interno, explica Miguel Sanz. "Diferenciamos a los empleados en distintos segmentos (directivos, alto potencial, nuevas incorporaciones, desarrollo profesional, etcétera) y establecemos distintos niveles de servicio para ellos. Hemos diseñado un mapa del talento para identificar a las personas que son capaces de suceder de forma inmediata a las que hoy están ocupando los puestos críticos de la organización", agrega.

Y es que "la gestión del talento tiene que ser un elemento prioritario en nuestras organizaciones, promoviendo el conocimiento mutuo (empresa-profesionales) y el trabajo en equipo", afirma el director de recursos humanos de Grupo Iberdrola, Ramón Castresana. Para ello, la personalización en la gestión del talento es un pilar fundamental, indica. "Esta gestión tiene que ser eficaz, para conseguir profesionales eficientes y productivos. Se trata de buscar la excelencia en las competencias individuales, de acuerdo a las necesidades operativas. Estas prácticas garantizan el desarrollo y la administración del potencial de las personas: de lo que saben hacer y de lo que podrían hacer", concluye.
Obtenido de la siguiente dirección de internet:
http://www.psicologosorganizacionales.com/2010/11/revolucion-en-la-gestion-del-talento.html

martes, 4 de enero de 2011

La Marca Personal de los nuevos profesionales

Noticia enviada por Consuelo Perea Moreno

Dice Tom Peters , con esa vehemencia que le caracteriza, que vamos a tener que reinventar nuestro puesto de trabajo en los próximos años, que somos empresas de servicios unipersonales y que los empleos serán sustituidos por proyectos.

Peter Drucker  también dice que ha llegado la hora de tomar las riendas de nuestras carreras profesionales a nivel individual y no depender únicamente de “papá” empresa.

Tanto Peters como Drucker, no se refieren solo a los consultores sino a todo tipo de profesionales. Se ha acabado el trabajo para toda la vida y a partir de ahora todos tendremos que pensar como microempresas de servicios de una sola persona. Es decir, se impone la mentalidad de YO, S.A. aunque alguien nos pague una nómina. Se podría decir que dentro de unos años, todos vamos a convertirnos en consultores y que cambiaremos el concepto de empleo por el de proyecto.

Nación de Agentes Libres

¿Es esta una visión pesimista? No lo creo, más bien al contrario. Se nos abre un nuevo mundo de posibilidades profesionales. Esta nueva forma de pensar nos obliga a replantearnos nuestras carreras. Ya no van a ser estáticas y lineales sino que deberán ser flexibles para ajustarnos a las nuevas necesidades del mercado.

Aunque esta necesidad de adaptarse al cambio requiere un esfuerzo, también nos va a dar la posibilidad de ir escogiendo aquello que más se adapte a nuestras fortalezas, a nuestros gustos y a nuestras metas. Ya no vamos a estar la mitad de nuestra vida haciendo lo mismo como consecuencia de la elección que hicimos cuando teníamos veinte años.

Para poder tener éxito en este nuevo mercado de Agentes Libres  es necesario saber en que somos diferentes, en que destacamos o lo que es lo mismo en descubrir nuestra Marca Personal. Una Marca Personal es lo que diferencia a un profesional “commodity” o de marca blanca de un profesional con valor añadido. Ya no basta con ser simplemente competente en tu trabajo, también has de ser conocido por unos estándares y un estilo superiores a la media del mercado.

Las empresas que quieran sobrevivir en el mercado, deben fomentar la Marca Personal de sus profesionales. Como dice James Speros  (Chief Marketing Officer de Ernst&Young), “la Marca Personal de los empleados no es una amenaza para la empresa, sino un activo”.

En vez de dar seguridad a los empleados, las compañías deben proporcionar las herramientas para que los profesionales se reinventen a si mismos e ir tan lejos como su talento pueda llevarles. Desgraciadamente en muchos casos nos encontraremos con resistencia por parte de los empleadores porque aunque se hable mucho de la retención del talento, en muchos casos más bien parece que se habla de detención del talento.

Ajedrez y damas

Quizás pueda parecer que el desarrollo de Marcas Personales por parte de los profesionales sea un riesgo para las culturas cerradas, homogéneas y uniformes de algunas empresas en general y consultoras en particular.  Sin embargo, no tiene porqué ser así. Una Marca Personal parte del análisis y el descubrimiento de los valores, el talento y las metas de cada profesional y si estos están alineados con los de la empresa, el riesgo desaparece y se convierte en una fortaleza. Evidentemente, la empresa deberá hacer un esfuerzo en conocer cuales son esos valores y tratar de satisfacerlos.

En un mercado en el que la curva demográfica es descendente y en el que la lealtad a las empresas forma parte del pasado, esos cuadros pomposos que dicen que la misión de la empresa es dar valor al accionista, son tan motivadores para nuestros profesionales como la gloria del estado para un trabajador de una fábrica de tractores en Ucrania a primeros de los 90. Las empresas que quieran sobrevivir tendrán que sustituir la mentalidad de juego de damas por el de ajedrez, en el que cada pieza tiene un valor y una función diferente.

Las personas confían en las personas

Por otra parte, tras los últimos escándalos parece que existe un cierto temor a las grandes corporaciones.

De la misma forma que asociamos las marcas comerciales a determinados valores y características intangibles, la Marca Personal permite establecer vínculos más sólidos y duraderos entre las personas. Por esa razón, cuando un profesional es reconocido por su marca, es posible establecer un tipo de relación más individual, más personal, más auténtica y eso solo puede ser beneficioso para él y para su compañía, porque si hay algo claro es que las personas confían en las personas y no en entes. Se trata de volver a la vieja relación personal de confianza, la que se establece entre dos personas. Y eso no es lo último de lo último sino que se trata de volver a algo que ya sabían los fenicios pero parece que hemos olvidado.

El descubrimiento (que no creación) de una Marca Personal es similar al del desarrollo de un producto. Consta de cinco pasos:

1. En primer lugar, es necesario entender el mercado, el contexto en el que nos movemos.

2. En una segunda etapa hay que hacer un análisis profundo del producto, en este caso se trata de cada uno de nosotros y se podría resumir en algo tan clásico como “conócete a ti mismo”. Esta es la etapa más importante.

3. Luego hay que entender y aplicar aquellos conceptos que hacen que una marca personal llegue a ser fuerte como la consistencia, la autenticidad, la persistencia, la visibilidad, etc.

4. Una vez descubierta la marca, hay que sacarla a la luz y para ello se utilizan las herramientas clásicas de marketing pero aplicado a los individuos. Afortunadamente la tecnología nos permite llegar a nuestro mercado casi a coste cero. Es curioso como se ha extendido en el sector de la consultoría la utilización de una de las herramientas más potentes del Marketing Personal, los blogs. Son numerosos y cada día más, los jóvenes consultores que publican bitácoras hablando de sus experiencias. Desde luego, la mayoría de ellos lo hacen de forma anónima.

5. Todo esto no debería quedar en un simple ejercicio teórico sino que hay que llevarlo a la acción y para ello se establece un plan estratégico de Marca Personal.

Este proceso, tan sencillo y conocido lleva aplicándose a las personas desde hace unos diez años en EEUU y sin embargo, no ha llegado a nuestro país hasta hace muy poco. Aunque puedo adivinar la respuesta (y me aterra) todavía me sigo preguntando ¿Por qué?

Artículo de opinión de Andrés Pérez publicado en la siguiente dirección de internet:
http://www.puromarketing.com/29/7151/marca-personal-nuevos-profesionales.html 




lunes, 3 de enero de 2011

Dar la vuelta a la pirámide

Noticia enviada por Rocío Ortiz de Galisteo Martínez de Azcoytia

Acabo de leer el libro "Employees First Customers Second (EFCS)", de Vineet Nayar, CEO de HCL Technologies (HCLT). Según la revista "Fortune", HCLT posee el management más moderno del mundo y vaticina que Nayar será el próximo Peter Drucker. Y hay más elogios de un sinfín de prescriptores del management, además de premios y reconocimientos internacionales. No hablamos de un nuevo gurú académico-teórico sino de alguien que ha llevado a la práctica una filosofía de gestión poco convencional, que ha producido resultados espectaculares en los últimos cinco años.
¿Y en qué se basa el management de Nayar? En esencia, el libro es una filosofía de gestión orientada al cliente interno que está en la zona de valor, o sea, en contacto con el cliente externo, trabajando directamente para éste. Todos los departamentos de soporte y control y gestores, incluido el CEO, se ponen de forma radical al servicio del empleado que está en la zona de valor. Ésa es la misión de la estructura jerárquica, que se audita a nivel individual y cuyos resultados se publican internamente. Poniendo primero a los empleados de primera línea se presta más valor a los clientes.
Los catalizadores de esa orientación al empleado de la zona de valor en HCLT fueron tres: una política de transparencia financiera de todos los departamentos y proyectos, un sistema de tickets de soporte y evaluaciones 360º sobre los departamentos de control y gestores y, por último, un sistema de social networking o Enterprise 2.0 para escuchar la voz del empleado.
Las evaluaciones 360º miden cuánto aporta la jerarquía a la zona de valor, cuánto ayuda a aumentar el valor de los servicios que prestan los empleados de primera línea, ¡los resultados se publican internamente! y cualquiera que se sienta que está en el área de influencia de ese gestor puede evaluarle.
UN SISTEMA REVOLUCIONARIO
La jerarquía tradicional dentro de HCLT pierde o gana influencia en la medida que se produzcan los resultados de esa orientación al cliente interno. Esto es revolucionario. La pirámide se invierte, pasamos de una organización basada en el poder y control a una basada en la influencia. Nayar se dio cuenta de que el valor de la zona de poder y control es irrelevante comparado con la importancia de la zona de influencia. La mayoría de los empleados suele pensar que sus jefes son meros brokers de información y que contribuyen poco a la zona de valor.
Ya sabíamos que la orientación al cliente interno es una fuente de ventaja competitiva duradera. Sin embargo, es difícil encontrar una aplicación tan extrema como la de HCLT, que ha producido resultados espectaculares a corto plazo y durante períodos de recesión del mercado. Una de las críticas que se suele hacer a las estrategias de focalización en el cliente interno es que produce efectos competitivos en el medio y largo plazo. Aquí vemos que no es solo así.
En estos tiempos en los que diferenciarse es la clave competitiva, orientarse de manera intensiva y rigurosa al cliente interno, como dice el libro, puede ser la alternativa. En mi experiencia como consultor, prácticamente nunca me he encontrado con ningún responsable de RR.HH. o de negocio que no me haya dicho eso tan tópico de que los empleados son el activo más importante de su organización, etc. Cuando analizas el qué hacen y cómo lo hacen, en muchas organizaciones las prácticas de gestión de personas son vulgares, poco alineadas entre ellas y con la estrategia, poco rigurosas y más orientadas al control, a cumplir el procedimiento y a mantener el poder que a ayudar al negocio. ¡Son poco creíbles! Por no hablar del sesgo puramente administrativo que tiene RR.HH. en la mayoría de las pymes de este país.
La aplicación de las prácticas que propone el libro puede conducir la transformación de los departamentos de RR.HH. hacia auténticos facilitadores del negocio y cambiar así su reputación. Cuesta creer que algún departamento de RR.HH. fuera capaz de liderar una transformación como la de HCLT. Sería como hacerse el seppuku.
PROFESIONALES TRANSFORMERS
Necesitamos líderes que crean que para prestar valor al cliente es necesario disponer previamente de empleados apasionados y con talento. Y estas dos cosas no dependen exclusivamente de éstos. En ese camino es imprescindible contar con un equipo de personas que quieran cambiar las cosas, un equipo de transformers con masa crítica (Nayar habla del 10% de los empleados como suficiente). ¿Y cuál es el mayor obstáculo? Las personas que se sienten cómodas con la realidad y no sienten la obligación de hacer nada y que forman parte de los pasivos intelectuales de la organización. Si no se convierten deben abandonar el barco. Y esto es lo que más cuesta, lidiar con este tipo de personas.

Artículo original de JUAN LIEDO ROJO  publicado originalmente en la siguiente dirección: 
http://capitalhumano.wke.es/news/154220